TU SONRISA
ME DEVOLVIÓ
LA ALEGRÍA
DE VIVIR
MI CUERPO HABLA
Mi rostro, mi mirada, mis actitudes, mi modo de andar... todo eso habla, me da a conocer.
A través de mi cuerpo puedo realizar la más maravillosa de las tareas: expresarme.
Cuando observo a una persona descubro, en sus rasgos, los sentimientos que la dominan: odio, amor, simpatía, dolor, etc. Toda ella se da a conocer al exterior por expresiones corporales como son, por ejemplo:
- una sonrisa abierta o un gesto de desprecio;
- un cálido apretón de manos o unos puños que se cierran;
- una mirada tierna o unos ojos que acusan;
- un abrazo afectuoso o una actitud de rechazo;
- una palabra acogedora o una frase irónica...
Una chica de 15 años dice:
"Los sentimientos del corazón se reflejan rápidamente en el cuerpo. Cuando canto, río, discuto, o hago reír a las demás, siento en mí unas extrañas ganas de vivir, de desgastarme, de actuar, de construir y, sobre todo, de amar".
...mientras que un chico de 14 años reconoce que:
"Cuando estamos muy enfadados contra alguien, le haríamos cualquier cosa. Claro que no lo hacemos, pero no podemos impedir que se refleje en la mirada".
¡NO CORRAS,
VE DESPACIO,
QUÉ DONDE TIENES
QUE IR
ES A TI SOLO!
VE DESPACIO,
NO CORRAS,
QUE EL NIÑO
DE TU "YO",
RECIÉN NACIDO
ETERNO,
NO TE PUEDE
SEGUIR!
EL CAMINO QUE RECORRÍ
Como fruto del querer de Dios y del amor de mis padres, hace 13, 14 o 15 años yo empecé a formarme en el seno de mi madre.
Durante nueve meses los órganos de mi cuerpo han ido tomando forma, hasta que un día mis ojos vieron la luz.
El cuidado de mis padres ha ido condicionando mi crecimiento.
Tomado de sus manos pude dar mis primeros pasos. De sus labios aprendí a hablar, a distinguir los objetos y la personas.
Llegado el momento fui capaz de valerme por mí mismo. Entonces, poco a poco, comencé a independizarme de ellos, como el pajarito que al poder valerse de sus alas se aventura a volar.
Día a día trataba de ampliar mis dominios.
Al llegar a mi adolescencia, descubrí que me encuentro en condiciones de empezar a asumir mis primeras responsabilidades. Esto me impulsó a lanzar mi primer grito de protesta:
"Quítenme las riendas; me encuentro lleno de vida. ¿Por qué he de estar siempre con el freno en la boca? Siento incontenibles deseos de correr, de gritar, de ser libre.
Dentro de mi corazón hay como una fuente saltarina y mi alma gorjea como un ruiseñor... Estoy cansado de permanecer en el umbral de la vida, mirando a los demás; quiero entrar también en ella, echarme en brazos de la felicidad".
(De: "Muchachas sed alegres")
RIESGO
ES
LA
RAÍZ
DE
LA
RESPONSABILIDAD
ALGUIEN
RECORRIÓ
EL MISMO CAMINO
Jesús quiso compartir la vida ordinaria de los hombres, estar muy cerca de nosotros y recorrer el mismo camino que recorre cada ser humano hasta llegar a su plenitud. De El leemos en el evangelio:
"Después de cumplir todo lo que ordenaba la Ley del señor, José, María y Jesús, volvieron a su ciudad de Nazaret, en Galilea. El niño crecía y se fortalecía lleno de sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba.
Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre y, acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén, sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de El.
Al tercer día lo hallaron en e Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron sorprendidos y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi padre?". Ellos no entendieron lo que les decía.
El regreso con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús, a medida que iba creciendo, progresaba en sabiduría y en gracia delante de Dios y de los hombres".
(Lc. 2,39-52).



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