CONVERSANDO
CON EL
AMIGO
¡Señor!, tengo muchos enojos, enredos.
Tengo cosas que me carcomen adentro.
Qué no me dejan vivir.
Y estoy cansado de que me reten,
de que me corrijan, de que me reprochen.
Estoy cansado de equivocarme.
de no hacer las cosas bien, de errar.
Quiero ser grande.
Trato de hacer creer a todos que ya soy grande.
Pero es muy difícil.
Por eso me junto con mis otros amigos
y nos contamos cosas que ni mis padres saben.
Me dicen que eres la Fuente de la Vida.
¡Yo quiero vivir!
Pero te pondría por nombre: Rayo, Fuego,
Viento, Ruido, Estampido, Récord,
Compañero, Confidente, Amigo...
¿Estas en todo esto, Señor..?
Yo creo que sí; si no, no me interesarías.
Yo quiero que mis amigos sepan
que mi Dios es el mejor de todos,
que Dios es verdaderamente el Único.
Que estás en mi cuando corro,
cuando bailo, cuando canto,
cuando salto,
cuando le digo un secreto a un amigo,
cuando estoy solo y pienso,
cuando nadie me comprende y veo todo negro.
cuando me equivoco y no me perdonan,
cuando no me quieren,
y también cuando les caigo simpático,
cuando río, cuando converso,
cuando me animo, para no ser menos,
a esas cosas que antes nunca hice.
Sé que estuviste en aquel primer cigarrillo
fumado a escondidas, por curiosidad,
para hacer lo que hacía los "grandes".
Y... si estás conmigo en todo esto
¿no es acaso porque me quieres?,
¿porque me sientes simpático?,
¿porque quieres compartir mis cosas
y que yo viva contigo?
¡No es entonces, acaso, que tu nombre es: Amor?
(Oración de un adolescente)





