DIOS
ESTÁ
ALLÍ
TRIUNFAMOS
EN LA MEDIDA
EN QUE
APROVECHAMOS
TODO LO QUE
NOS SUCEDE
PARA AFIRMAR MÁS
NUESTRA
PERSONALIDAD
Y PARA UNIRNOS
MÁS A DIOS.
TU PALABRA, SEÑOR
ES UNA ANTORCHA
QUE ILUMINA
A MI CAMINO
EN LA MEDIDA
EN QUE
APROVECHAMOS
TODO LO QUE
NOS SUCEDE
PARA AFIRMAR MÁS
NUESTRA
PERSONALIDAD
Y PARA UNIRNOS
MÁS A DIOS.
Tanto el éxito como el fracaso son un llamado de Dios, una invitación a crecer, a ser más grande, a alcanzar la meta.
Si me detengo a observar algunos hechos del antiguo Pueblo de Dios, como también varios de los episodios de las vidas de los apóstoles, de los mártires y de todos los santos, me encuentro con una multitud de hombres y mujeres que, a través de aparentes fracasos, llegaron a triunfar, a convertirse en hombre grandes, a quienes la historia recuerda con admiración.
Por ejemplo encontramos en la Biblia:
MOISES:
quien para salvar su vida, tuvo que huir, a escondidas, de la corte del Faraón para internarse en el desierto. Allí, en su misma huida, fue donde se encontró con Dios que lo llamó y lo invitó a la gran hazaña: ser el jefe y conductor del pueblo.
JEREMIAS:
tímido retraído, es no obstante llevado por Dios a anunciar su palabra en las puertas del templo y, por esa causa, el sumo sacerdote lo hace castigar y encarcelar. Pero Dios estaba e sus labios.
JUDIT:
que, a causa de su temprana viudez, parecía haber fracasado como mujer, es no obstante la elegida por Dios para encomendarle una gloriosa misión, la de matar a Holofernes y así salvar a su pueblo. En estas vidas como en las nuestras, es Dios quien guía los acontecimientos y los orienta para un mayor bien personal y de todo el Pueblo de Dios.
Por eso, aunque muchas de mis acciones parecen fracasos, no lo son, porque, si están dentro del plan de Dios, tienen un sentido para mi vida: me ayudan a superarme, a fortalecer mi voluntad, a conocer mis defectos y limitaciones, y también a descubrir las cualidades o potencias que tengo para superarlos.
Los que triunfan no son siempre los que aparece que triunfan.
En conclusión, depende de mí el convertir un aparente fracaso, como puede ser una enfermedad, un aplazo en los estudios, un permiso negado por mis padres, etc. en un mundo real.
¿QUIÉN SERÁ MI GUÍA?
En mi andar, a menudo incierto y vacilante, necesito que alguien me guíe. Encuentro en mi camino encrucijadas. Es como si queriendo escalar no supiera por dónde me conviene ir para alcanzar la cima. A propósito de ello recuerdo algo que nos pasó en las últimas vacaciones: Eramos un grupo de scouts. Decidimos escalar un monte nevado. Poco después de medianoche emprendimos la marcha. Caminábamos enérgicos y alegres por el ancho camino que nos llevaba a la falda. Proseguimos, aunque más despacio, pero seguros, por una senda más estrecha. La marcha se hizo más lenta todavía al llegar a un sendero empinado. Al brillar sobre las cimas los primeros fulgores del nuevo día, apareció ante nuestro ojos pasmados, el sendero que va al pico de cuatro mil metros de altura.
En medio de nuestro asombro y regocijo el guía exclamó: "Atarse la cuerda". La atamos, con técnica alpinista, en torno a nuestra cintura. El guía se interno en el helero. Nadie podía ya ir adónde quisiera. Había que seguir al guía por un suelo cubierto de hielo, resbaladizo. Subíamos paso a paso. A ratos poniendo el pie exactamente en las huellas del guía, que iba abriendo camino. Proseguimos, paso a paso, atados, atento cada cual al otro, hasta alcanzar la cima.
Cuando pienso en esa aventura se me ilumina toda la vida. La veo como un ascenso cercado de peligros. Pero siento que tengo un Guía seguro. Alguien que conoce bien el camino porque vivió cada una de las etapas de la vida. Alguien que superó todos los fracasos, hasta el de la cruz. Es CRISTO. El será mi Guía, mi jefe. Yo lo seguiré fielmente porque, como El mismo dijo, el que lo sigue no camina en tinieblas sino que posee la luz de la vida.
CRISTO
ESTA CONMIGO
Cristo está conmigo,
junto a mí va el Señor
me acompaña siempre
en mi vida hasta el fin.
Ya no temo, Señor, la tristeza
ya no temo, Señor la soledad,
porque eres, Señor, mi alegría
tengo siempre tu amistad.
Ya no temo, Señor, a la noche
ya no temo Señor la oscuridad;
porque brilla tu luz en las sombras,
ya no hay noche, Tú eres la luz.
Ya no temo, Señor, los fracasos,
ya no temo, Señor, la ingratitud;
porque el triunfo, Señor, en la vida
Tú lo tienes, Tú lo das.
Ya no temo, Señor, los abismos,
ya no temo, Señor, la inmensidad;
porque eres, Señor, el Camino
y la Vida, la Verdad.
Ya no temo, Señor, a la muerte,
ya no temo, Señor, la eternidad;
porque Tú estás allá esperando
que yo llegue hasta Ti.
J. A. Espinosa
ya no temo, Señor, la ingratitud;
porque el triunfo, Señor, en la vida
Tú lo tienes, Tú lo das.
Ya no temo, Señor, los abismos,
ya no temo, Señor, la inmensidad;
porque eres, Señor, el Camino
y la Vida, la Verdad.
Ya no temo, Señor, a la muerte,
ya no temo, Señor, la eternidad;
porque Tú estás allá esperando
que yo llegue hasta Ti.
J. A. Espinosa
TU PALABRA, SEÑOR
ES UNA ANTORCHA
QUE ILUMINA
A MI CAMINO
MI ENCUENTRO CON EL GUÍA
Cristo es mi guía. El me instruye, me acompaña, vive siempre a mi lado. Cuando leo el Evangelio, es El que me habla. Cuando oro, converso con El. Cada sacramento es un lugar de encuentro con Cristo. Todos los días se hace presente sobre la mesa del Altar para alabar conmigo al padre y para darse en alimento. A lo largo del día lo voy encontrando en cada uno de los hombres, mis hermanos.









