mientras
NOSOTROS
dormímos
Hay hechos comunes de la vida cotidiana que, por lo mismo que son comunes no te llaman la atención ni te invitan a meditar, por ejemplo: el pan fresco y el calentito que encuentras cada mañana en la mesa del desayuno, el diario que recoges en la puerta de tu casa a las primeras horas del día, el verdulero que pasa sudoroso tirando de su carrito cargado de frutas y verduras. Estos y otros, que parecen hechos sin importancia, son posibles únicamente gracias a la labor silenciosa y heroica de muchas personas que trabajan, mientras la ciudad descansa de su fatiga cotidiana.
A altas horas de la noche, por ejemplo, en una panadería, una gran cantidad de obreros dedicados de lleno cada uno a su respectiva habilidad, van colaborando en las tareas previas a la elaboración del pan; al cabo de unas horas, el maestro de pala, retira del horno los frescos y apetitosos panes.
Esta escena ¿no trae a tu memoria algunos episodios bíblicos, como ser: el maná con que Dios alimentó a los israelitas en el desierto, y el pan que Jesús multiplicó para saciar el hambre de la multitud que lo seguía?
Señor,
danos hoy
nuestro pan
de cada día.
ANTE
UN PAN
Me senté a la mesa. Tomé en mis manos un pan fresco y sin partir. Iba a cortarlo, como lo hago todos los días. Pero hoy, mientras lo partía, me detuve a pensar en estas cosas:
"El pan, qué cosa común y extraña a la vez.
Lo comemos todos los días y nunca llega a cansarnos.
A todos nos gusta el pan, nos maravilla y nos enriquece.
Nos da vida, nos alimenta, nos hace crecer.
El pan siempre viene hasta nosotros bajo un signo de alegría.
Alegría de una corteza que se quiebra y de una miga que se nos entrega mansamente.
El pan es como una imagen de la limpia y pura sencillez del cariño de un Dios, que a todos llega y a todos satisface.
Como el amor sincero, como el beso en la frente de un niño, es la alegría de su cara siempre dorada, reverberando al sol".
(Adaptado de "Mesa redonda con Dios")
YO SOY EL PAN
Así como el agua pura y cristalina que fertiliza nuestros campos y abreva el ganado es un elemento indispensable para nuestra vida, también lo es el pan del cual no podemos prescindir.
Cristo quiso servirse de estos mismos elementos tan comunes, tan indispensables en la vida del hombre, tan al alcance de todos, para comunicarnos su misma vida, que es la vida divina.
A las aguas bautismales les dio el poder de hacernos hijos de Dios, y en el pan eucarístico quiso quedarse El mismo como alimento que nos hace crecer dándonos fuerzas para el caminos de la vida.
Solo El pudo decir:
"Yo soy el pan de la Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron maná y murieron.
Pero éste es el pan que desciende del Cielo,
para que el que coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del Cielo.
El que coma este pan vivirá eternamente,
y el pan que yo daré
es mi carne para la Vida del Mundo"
(Jn. 6,48-51).
Un pan que comemos con gusto al cabo de varias horas de trabajo o de estudio. Un re-encuentro que todos anhelamos, después de haber vivido un tanto alejados los unos de los otros. Una reunión que nos da la posibilidad de expresarnos y de afirmarnos en nuestra personalidad.
Esa misma realidad del encuentro fraternal es la que Cristo quiso que repitiéramos cada vez que nos reunimos para celebrar el banquete eucarístico: la misa.
Ya no es sólo nuestra familia, grande o reducida, la que se reúne, sino que es la familia de los que, por el bautismo, formamos el Pueblo de Dios y en la que todos somos hermanos.
Mira, Pepín: Dios es Padre, ¿no es cierto? Bueno: a todo padre le gusta una vez por semana, el domingo que es día de fiesta, ver reunidos a todos sus hijos. Es como una comida en común, ¿entiendes? Y en esa comida nos alimentamos con el pan que El nos da, un pan de vida. ¿Para qué? Bueno... comemos para tener fuerzas, ¿no es cierto? Pues bien; ese pan de vida que todos juntos comemos en la misa, nos da fuerzas para cumplir nuestra tarea, que es la de luchar contra el egoísmo y la injusticia... poner en el mundo más justicia y más amor.
_Si la misa es eso, Padre... yo quiero ir a misa todos los domingos.

En torno a la mesa
Qué hermosos son los días en que podemos sentarnos todos juntos a la mesa, para compartir el mismo pan. La comida, en esas circunstancias, adquiere el marco de un encuentro fraternal.Un pan que comemos con gusto al cabo de varias horas de trabajo o de estudio. Un re-encuentro que todos anhelamos, después de haber vivido un tanto alejados los unos de los otros. Una reunión que nos da la posibilidad de expresarnos y de afirmarnos en nuestra personalidad.
Esa misma realidad del encuentro fraternal es la que Cristo quiso que repitiéramos cada vez que nos reunimos para celebrar el banquete eucarístico: la misa.
Ya no es sólo nuestra familia, grande o reducida, la que se reúne, sino que es la familia de los que, por el bautismo, formamos el Pueblo de Dios y en la que todos somos hermanos.
Mira, Pepín: Dios es Padre, ¿no es cierto? Bueno: a todo padre le gusta una vez por semana, el domingo que es día de fiesta, ver reunidos a todos sus hijos. Es como una comida en común, ¿entiendes? Y en esa comida nos alimentamos con el pan que El nos da, un pan de vida. ¿Para qué? Bueno... comemos para tener fuerzas, ¿no es cierto? Pues bien; ese pan de vida que todos juntos comemos en la misa, nos da fuerzas para cumplir nuestra tarea, que es la de luchar contra el egoísmo y la injusticia... poner en el mundo más justicia y más amor.
_Si la misa es eso, Padre... yo quiero ir a misa todos los domingos.

LA MESA DEL ALTAR
HOY NOS CONGREGA
VENIMOS A LA CASA
DEL SEÑOR
EL PADRE DE FAMILIA
HA PREPARADO
EL PAN QUE
COMEREMOS EN UNIÓN.
Lo que le pasó a FRANCISCO
Un día, Francisco de Asís llegó con Fray Masio a un pueblo, y tenían mucha hambre. Para acallar el hambre, mendigaron por el camino un poco de pan, se reunieron junto a una fuente a las afueras del pueblo y pusieron todo lo que habían recogido sobre una ancha piedra. De repente Francisco exclamó: "¡Oh, fray Masio, no somos dignos de tan gran tesoro!" Y así repetía una y otra vez. Fray Masio movió extrañado la cabeza con señales de disconformidad, y dijo: "Padre, ¿ cómo puedes hablar de un tesoro, si nos faltan las cosas más necesarias? No tenemos mesa, ni mantel, ni cuchillo, ni platos". Entonces Francisco lleno de júbilo dijo: "Lo que yo estimo un tesoro es que la Divina Providencia que, desde toda la eternidad, sabía que íbamos a llegar aquí cansados y hambrientos, hizo, por eso, crecer este árbol para que nos refrescase con su sombra. Y El mismo nos preparó como mesa esta hermosa piedra ancha, y para que pudiéramos apagar nuestra sed hizo brotar este fresco manantial. ¡Oh, fray Masio, qué bueno es nuestro Dios!" Y lágrimas de emoción brotaban de sus ojos e iban a empapar el duro pan, que saboreaba agradecido.
EL CALOR Y EL FUEGO
DE LA CARIDAD
ES LO QUE MANTIENE
LIMPIA LA MIRADA
PARA DESCUBRIR
LOS BIENES SUPERIORES.





