DIOS entró
en mi
VIDA
Ayer participé con otros chicos al bautismo de un niño del barrio. Mientras esperábamos en la puerta del templo recordé muchas de las cosas que me dijeron al hablarme sobre el bautismo.
Me agradó mucho la ceremonia de ingreso por su profundo significado, porque me hizo revivir mi entrada al nuevo Pueblo de Dios. Experimenté el gozo de formar parte de esa gran familia que acogía con júbilo a un nuevo hermano en la fe.
En un momento de la ceremonia el celebrante dijo estas palabras: "El bautismo es el rito que nos incorpora a Cristo. Nos hace miembros de su cuerpo al hacernos hijos de Dios. Nos da ingreso al nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia".
Nunca comprendí tan a fondo la realidad de mi bautismo como ayer, durante la ceremonia.
Me sentí renacer por el agua y el Espíritu a la vida divina recibida en la pila bautismal, que me hizo hijo de Dios, hermano de Jesucristo, templo de la Trinidad. Descubrí que el carácter bautismal me configuró a Cristo, me ungió sacerdote, dio sentido total y definitivo a mi existencia.
Al final de la ceremonia me pregunté si no debía vivir más a fondo mi compromiso bautismal.
En un momento de la ceremonia el celebrante dijo estas palabras: "El bautismo es el rito que nos incorpora a Cristo. Nos hace miembros de su cuerpo al hacernos hijos de Dios. Nos da ingreso al nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia".
Nunca comprendí tan a fondo la realidad de mi bautismo como ayer, durante la ceremonia.
Me sentí renacer por el agua y el Espíritu a la vida divina recibida en la pila bautismal, que me hizo hijo de Dios, hermano de Jesucristo, templo de la Trinidad. Descubrí que el carácter bautismal me configuró a Cristo, me ungió sacerdote, dio sentido total y definitivo a mi existencia.
Al final de la ceremonia me pregunté si no debía vivir más a fondo mi compromiso bautismal.
EL AGUA BAUTISMAL
ME FUE SEPULTURA
Y CUNA A UN TIEMPO.






