domingo, 27 de febrero de 2011


DIOS entró 
en mi VIDA   
Ayer participé con otros chicos al bautismo de un niño del barrio. Mientras esperábamos en la puerta del templo recordé muchas de las cosas que me dijeron al hablarme sobre el bautismo.
Me agradó mucho la ceremonia de ingreso por su profundo significado, porque me hizo revivir mi entrada al nuevo Pueblo de Dios. Experimenté el gozo de formar parte de esa gran familia que acogía con júbilo a un nuevo hermano en la fe.
En un momento de la ceremonia el celebrante dijo estas palabras: "El bautismo es el rito que nos incorpora a Cristo. Nos hace miembros de su cuerpo al hacernos hijos de Dios. Nos da ingreso al nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia".
Nunca comprendí tan a fondo la realidad de mi bautismo como ayer, durante la ceremonia.
Me sentí renacer por el agua y el Espíritu a la vida divina recibida en la pila bautismal, que me hizo hijo de Dios, hermano de Jesucristo, templo de la Trinidad. Descubrí que el carácter bautismal me configuró a Cristo, me ungió sacerdote, dio sentido total y definitivo a mi existencia.
Al final de la ceremonia me pregunté si no debía vivir más a fondo mi compromiso bautismal.






EL AGUA BAUTISMAL
ME FUE SEPULTURA
Y CUNA A UN TIEMPO. 
  

FUENTE DE PODER Y DE VIDA


Sin el agua la tierra no es más que un desierto árido, país del hambre y de la sed, en que los hombres, los animales y las plantas están destinadas a la muerte.
El hombre, a través de toda la historia, buscó instalarse y desarrollar su vida en lugares donde el agua le asegurara su supervivencia.
Sabemos, por ejemplo, el origen de la ciudad de Arequipa: "Los hombres están allí desde hace siglos. Rostros morenos y arrugados de tanto mirar al sol de frente cuentan a niños desarrapados que alguna vez un Inca deslumbrante de oro y plumas pasó por allí con sus capitanes. Y que éstos, contemplando el agua pura del río Chili, pidieron  al rey-dios merced para establecerse en el lugar. Y que el Inca habló y su voz tronó benévola: "Are-quepay" (sí, quedaos)".
Los pozos de agua, las fuentes, los ríos y manantiales, marcaron también el itinerario del Pueblo de Dios. Recordemos por ejemplo el famoso pozo de Jacob del que hace referencia la samaritana al conversar con Jesús diciendo que de ese pozo "bebió él, lo mismo que sus hijos y sus animales".
Cuando los israelitas caminaban por el desierto, Dios hizo manar agua de una roca, a fin de sacar su sed, San Pablo al referirse a este milagro escribe a los cristianos de su tiempo: "No deben ignorar, hermanos, que todos nuestros padres fueron guiados por la nube, y todos atravesaron el mar, fue un bautismo que los unió a Moisés.
También todos comieron la misma comida y bebieron la misma bebida espiritual. En efecto, bebían el agua de una roca espiritual que los acompañaba, y esa roca era Cristo".
(I Cor. 10,1-4).






DAME DE BEBER


Jesús llego a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca de las tierras que Jacob había dado a su hijo José. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, fatigado del camino, se había sentado junto al pozo. Era la hora del mediodía. Una mujer se Samaría fue a sacar agua, y Jesús le dijo:
-Dame de beber.
Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos.
La samaritana le contestó:
-¡Como! ¡Tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?
Los judíos, en efecto, no se trataban con los samaritanos. Jesús le respondió:
-Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice: "Dame de beber" tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva.
-Señor-dijo ella-no tienes nada para sacar el agua y el pozo es profundo. ¡De dónde sacas esa agua viva? ¿Eres acaso más grande que nuestro padre Jacob, que nos ha dado este pozo, donde él bebió, lo mismo que sus hijos y sus animales?
Jesús le respondió:
-El que bebe esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba el agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna".
(Jn. 4,5-14)






EL QUE TENGA SED.
VENGA A MI
Y BEBA
EL QUE CREE EN MI
DE SU SENO BROTARAN
MANANTIALES DE VIDA
(Jn. 7,37)






**YO DERRAMARÉ AGUA
EN EL SUELO SEDIENTO,
Y TORRENTES EN LA TIERRA RESECA**


viernes, 25 de febrero de 2011


EL
AGUA
DE
TODOS
LOS
                   DÍAs

Para quien vive en las zonas 
urbanizadas, el hecho de 
abrir el grifo y ver fluir 
inmediatamente el agua 
fresca y cristalina que 
apaga su sed, le parece la 
cosa más normal y vulgar. 
Pero este hecho no es universal
. Existen muchos 
hombres que conservan el 
agua recogida durante las 
lluvias, como un tesoro. Otros, para adquirirla deben caminar largas distancias. Incluso hay quienes deben comprarla habitualmente. Pero nadie puede prescindir de ella porque sería renunciar a la vida.
Hay una relación profunda entre el agua y la vida como la hay entre el bautismo y la vida de Dios en nosotros. Por eso le decía Jesús a Nicodemo: "Te aseguro que el que no nace del agua y del 
Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios" (Jn. 3,5)




Sacarán agua con alegría

de las fuentes de la

salvación

(ls. 12,3)