domingo, 7 de noviembre de 2010

EL 
HOMBRE
CUMBRE 
DE LA
CREACIÓN

 
Sobre el tallo de una planta, entre hojas verdes, se hincha progresivamente una yema cuya envoltura estalla de repente dando lugar a una flor blanca, rosa o roja.
Hay un momento en que la vida verde cambia de ritmo para engendrar una vida multicolor, meta del esfuerzo interno de la planta, orientada toda ella a un efímero florecimiento de belleza. Y esta belleza, que se asegurará por el posterior fruto de la continuidad de la especie, representa todo significado de ese minúsculo universo.
También la del animal es una vida "en ascenso"... Aparecido muy tarde en la evolución total, pues no se encuentran sus huellas antes del cuaternario, el hombre fue detenidamente preparado por una serie de esbozos que no llegaron a cuajar...
Sólo el hombre pudo descubrir la dirección de la ascensión vital; solo él pudo clasificar y dar nombre a esos seres que forman su cortejo; solo él puede reflexionar sobre sí mismo. Y cuando el hombre reflexiona sobre su propia situación, se coloca en un universo cuyas dimensiones mide, cuyas estructuras conoce, aproximadamente, cuyas leyes fundamentales entienden, incluso la lógica de la evolución; cuando descubre que él mismo marca un punto de superación en este universo, el hombre descubre que con él todo cambia.
Los otros seres pueden consumir productos de la tierra, pero el hombre supo transformarlos. En la red de carreteras, en los alambrados de los campos, en los postes telegráficos, el hombre percibe algo que ningún otro ser creado intentó hacer aunque sea mayor, más rápido, más ágil, más fuerte que él, aunque sepa dirigirse mejor de un punto del mundo a otro.
Descubre que nadie puede igualarlo en su dignidad.
El hombre, colocándose en el cosmos, se ve a sí mismo como una cumbre, un final, sin duda imperfecto e incompleto, pero final trascendente de una inmensa historia".

(De: "Ascensión humana")



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LO QUE PUEDE EL AMOR A LA VIDA



Un hombre se arrastra sobre la nieve.. Cae, se levanta, vuelve a caer y vuelve a levantarse. Camina sin bastón de alpinista, sin cuerdas, sin víveres; ha escalado montañas de 4.500 mts.; ha ascendido a lo largo de paredes casi verticales; está dejando tras de sí huellas de sangre en la nieve, porque sangra por los pies, por las rodillas y las manos. Cuarenta bajo cero.
El hombre que camina o, más bien, que se arrastra sobre la nieve es un aviador: colega de Antoine de Saint Exupéry.
Nos encontramos en los Andes. Hace muchas horas que su avión ha sido sacudido por el viento; entonces, las correas le herían los hombros; como un sombrero, ha sido arrastrado de los 6.000 a los 3.500 mts.; desde esta altura fue desde donde divisó una masa horizontal que le permitió restablecer el avión. Aterrizó. Y tuvo que hacerse un refugio en la nieve y esperar allí dos días a que se aplacase la tempestad. Después caminó durante cinco días.
Un hombre sobre la nieve. Cae, se levanta, vuelve a caer y vuelve a levantarse. Lleva dos días y dos noches luchando contra en frío, contra su corazón, contra el sueño. En la nieve se pierde todo instinto de conservación. Después de dos o tres días de marcha, sólo se desea el sueño. Nuestro hombre lo desea vivamente. Esta era su lucha:
"Si mi mujer, mis hijos y mis amigos me creen vivo, creen que camino. Todos tienen confianza en mí, y soy un canalla si no camino".
Si se paraba en aquella pendiente no le encontrarían jamás; al llegar el verano, su cadáver rodaría con el barro por un de aquellos miles de abismos de los Andes. Pensaba en sus hijos y en su mujer.
Ante nuestro protagonista se alza una gran roca. Tiene que esforzarse para alcanzarla; si lo consigue, pegará su cuerpo a la piedra, y al llegar el verano le encontrarán, y se arrastró con ese deseo tres días más. Al reemprender sus pequeñas marchas, se da cuenta de haber perdido algo cada vez; primero un guante; luego, el reloj; más tarde, la brújula. En cada etapa se empobrecía. Hablaba en voz alta:
"Lo que salva, siempre, es dar un paso más. Otro paso más". Tuvo muchas horas para recordar mientras andaba. Todo era confuso: su casa, su mujer, sus hijos... Todos le buscaban. Debía continuar caminando. Pararse era morir. Caminar, pensando en los suyos, una esperanza.
"Si creen que vivo, creen que camino. Ellos me están buscando y tienen confianza en mí, y soy un canalla si no camino".
Ahora, más que caminar, se arrastra.
Su corazón no anda bien. Late caprichosamente. Pide esfuerzos a su corazón: "Tienes que caminar hasta la roca". Se siente orgulloso de su corazón. Pero... ahora, ni el corazón le responde. Verdaderamente ya no puede más. Ha caído definitivamente sobre la nieve; lo ha invadido el sueño.
Poco después lo encontrarían, todavía vivo.
Este fue el comentario que, al terminar su relato, hizo nuestro protagonista: "Lo que hice yo, ningún animal lo hubiera hecho".
(De: "Siempre alegre")

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