Agustín
Aborrece
El
estudio
Agustín, hoy venerado como santo, nos cuenta en sus escritos titulado: "Confesiones", lo siguiente:
"Mis padres me pusieron en la escuela, para que aprendiese a leer. Yo, triste de mí, no sabía el provecho que había en ello. . . Escribía, leía y pensaba en el estudio menos de lo que exigía de nosotros.. No por falta de memoria o ingenio, sino porque nos gustaba jugar... No gustaba yo de las letras, y llevaba a mal que me apremiasen a estudiarlas. Pero me obligaban y con ello me hicieron bien. Era yo el que no hacía bien, pues no estudiaba sino forzado; y el que obra contra su voluntad, no hace bien, aunque sea bueno y agradable lo que hace".
Nos cuenta más adelante cómo, al tener que suspender sus estudios cae en el ocio, comprobando el daño que le acarrea la ociosidad:
"Ininterrumpidos mis estudios por las estrecheces domésticas, comencé a vivir con mis padres, descansando de toda clase. Las espinas de mi lascivia crecieron por encima de mi cabeza y no hubo una mano que las arrancara... Recorría yo las plazas y me revolcaba en el fango de las pasiones. Cada vez me volvía más vicioso y cuando no había cometido alguna culpa que me igualase a los demás perdidos, fingía haber hecho lo que no había hecho, por no sentirme menos que ellos..."
(Confesiones II y III)
Más
Tarde…
Algunos años después, Agustín llega a valorizar a fondo la riqueza que encierra el conocimiento de todas las cosas, y afirma que sólo el conocimiento de Dios nos hace felices en plenitud:
"Desventurado el hombre que sabe muchas cosas pero no te conoce. Dios mío. Dichoso, en cambio el que te conoce aunque no las sepa. Pero el que te conoce a ti, Señor y también a ellas es más dichoso todavía, no por ellas sino por ti, si conociéndote te glorifica y te da gracias... Así, el que sabe poseer un árbol y te da gracias por el uso que hace de él, aunque no sepa cuántos metros mide de alto y cuántos de ancho... es mucho más feliz que él astrónomo que mide el cielo y cuenta las estrellas y pesa los elementos y no se preocupa de ti, que eres quien ordenas todas las cosas en número, peso y medida".
(Confesiones V, 7).


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