viernes, 5 de noviembre de 2010


CANTO
A LA VIDA
LA VIDA DEL UNIVERSO




Todo era frió, sin vida y tenebroso cuando de pronto se oyó la voz de Dios, la luz rasgó como trueno las tinieblas y el mundo entonces, de la nada surgió.
Nace el universo, la tierra soleada, brisa de alborada de la creación, espigas que ondulan, savia que se agita, seres que se invitan a alabar a Dios.
Por eso hay que cantar: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡aleluya! ¡aleluya!
Dios creó la noche, salpicón de estrellas, nos dejó sus huellas, nos lanzó tras El, cuantos seres brincan ante nuestra vista, todo es una pista, para hallarlo a El.
A. Mayol


Imaginémonos a bordo de un rayo de luz robado por el telescopio. Viajaremos a una velocidad de 300.000 km. por segundo. Compara esta velocidad con la que alcanzaron los astronautas más rápidos del mundo: 38.693 km. por hora, es decir, 107 km. por segundo.
Atravesaremos, en pocas horas, el sistema solar y toda su zona externa poblada por millares de cometas, estrellas, nebulosas, etc. Al cabo de 40.000 o 60.000 años luz, habremos recorrido de un extremo a otro nuestra galaxia, es decir, ese conglomerado de estrellas al que pertenece nuestro sistema solar.
Si viajáramos en automóvil a 100km. por hora necesitaríamos 8.000 años luz para llegar a Plutón, el planeta que se encuentra más cercano a nosotros, a una distancia de 7.000 millones de km. Ese mismo viaje a bordo de un rayo de luz, lo haríamos en 7 horas.
Las estrellas son gigantescas bombas atómicas, de las cuales las nuestras, no son, por fortuna, sino modelos reducidos. Estas estrellas nacen, viven y mueren.
Así pues, cuando se mira al cielo, uno está como frente a un bosque donde de un vistazo, uno abarca una multitud de árboles de diferentes edades, desde un plátano que acaba de germinar, hasta la majestuosa encina y el roble muerto.
Todo este universo, que a primera vista nos parece inmóvil, se mueve a velocidades inimaginables. Nuestro sol, uno de los astros más perezosos, camina a 275 km. por segundo.
¿Qué somos nosotros dentro de este inmenso universo?
Con sobrada razón el anciano Job atribuye a Dios estas palabras:

"¿Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra?
Indícalo, si sabes la verdad.
¿Quién fijó sus medidas?
¿Lo sabrías?
¿ Quién tiró el cordel sobre ella?
¿Sobre qué se afirmaron sus bases?
¿Quién asentó su piedra angular, entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los hijos de Dios?
¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando...?        (Job. 38,4-8)







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