sábado, 20 de noviembre de 2010

LOS SENTIMIENTOS,
COMO  EL MAR,
NO TIENEN
NI LÍMITES
NI CONTORNOS.





      PUEDE  SER 
                  QUE  SEA  LA


PRIMA
VERA…





Escribe un estudiante de 15 años:
"Siento, con gran frecuencia un sentimiento extraño. Aspiro a algo que no sé lo qué es. ¿Un amigo? ¿Vacaciones? No lo sé. Puede ser que sea la primavera, porque esto me pasa siempre que hay en el aire una leve brisa de primavera y siempre que oigo cantar a un pájaro. Cuando me invade este sentimiento en tiempo de clase, siento unas náuseas con relación a  toda la vida, que me obliga a contenerme para no arrojar mis libros a un rincón o para no dar una contestación impertinente al ser preguntado".
(De:
"Te vas haciendo hombre").


Otra chica, a quien nadie advirtió la transformación que sufrirían sus sentimientos, ante un cambio físico, sorprendida nos confiesa en su diario íntimo:
"Tengo 15 años. Hasta hace tiempo me consideraba una chica normal y corriente como tantas otras, pero ahora, cada día estoy más convencida de que soy de lo más rara.
Mi carácter ha sido siempre pacifico, pero de un tiempo a esta parte a la más mínima palabra que me dicen, estoy a punto de lanzarme sobre la persona que la pronuncia.
Cuando mis padres o alguien de la familia me riñen, siento en mi interior una rabia y un odio tan intenso hacia ellos que, he llegado a asustarme; he procurado evitarlo pero me ha resultado imposible. ¿Qué hacer? Además me he vuelto rebelde, y no hay quien me haga hacer nada. Antes yo era una chica alegre y corriente, ahora me he vuelto seria, hosca, y siempre estoy triste: no tengo ganas de reír ni de nada por el estilo; por el contrario, hay veces que tengo ganas de llorar".
(De: "Siempre alegres").


Este es el precio que Dios te exige a cambio de tu trasformación en hombre o mujer. A causa de los cambios físicos, experimentas sentimientos contrarios, impulsos desconocidos o aspiraciones no muy concretas, que debes integrar en el campo de tu experiencia.
Los sentimientos -dice Bourget- son semejantes a esas playas llenas de lagunas, que no permiten precisar ni dónde comienza ni dónde termina el mar; zona indeterminada, arena bañada por el agua, línea imprecisa y sin cesar reformada y deformada.





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