jueves, 25 de noviembre de 2010

AL AIRE
LIBRE


Era la primera vez que iba a campamento. Nunca como entonces me sentí un ser libre, experimente ser "yo" mismo, sin la  sobreprotección de mis padres y sin las exigencias fastidiosas de un horario familiar.
Me sentí libre como el viento. Abierto a la intemperie, sin miedo a las inclemencias.
Mi cuerpo fue tomando un vigor inusitado. Se tonifico y engrandeció.
La naturaleza fue mi gran educadora. Todo en ella era limpio y noble. Jamás me mintió. Nunca exageró.
Pasé muchas noches, sobre una cumbre, de cara al cielo, hablando de "tú a tú" con Dios. Vi correr las estrellas y me sentí embriagado de paz.
Por las mañanas una zambullida nerviosa, rápida, porque el agua conservaba el frió de la noche. En cambio por la tarde, el baño era gozoso porque los rayos solares habían templado las aguas.
Durante el día, eran mis mayores aventuras: subir al árbol más alto del bosque, mirar durante horas el reflujo de mar, realizar largas caminatas... Al oscurecer, cazar ranas a la luz de un farol. Por las noches reunidos en torno a una hoguera, reír, cantar y danzar. Fue en esas vacaciones donde me encontré conmigo mismo, adquirí confianza en mis fuerzas, serenidad en los peligros y optimismo para enfrentar mi vida.
(Confecciones de un adolescente)





ORACIÓN
PARA FORMAR MI YO 

Cristo, hombre perfecto.
Señor de tu carácter,
de tus pensamientos
de tus afectos, 
de tus sentidos;
dame el saber forjarme
un carácter viril y recto, 
como Tú , caminante
indetenible.

Alegre y entusiasta,
ni indeciso ni ligero,
tierno, pero no débil,
optimista, nunca destructor.
Un carácter forjado
en el Evangelio
troquelado sobre las
bienaventuranzas,
y modelado por las manos de
María,
La Virgen Madre.
                   
                    Amén.


SOMOS LIBRES EN, LA MEDIDA
EN QUE ENCERRAMOS
NUESTRA VOLUNTAD
EN LA VOLUNTAD
DE DIOS


No hay comentarios:

Publicar un comentario