martes, 30 de noviembre de 2010

CON TU TRABAJO CONSUMAS
TU PROPIA VOCACIÓN.
TE DESENVUELVES FÍSICA,
INTELECTUALMENTE...
AUMENTAS TU PODERÍO
SOBRE LAS COSAS,
TE VUELVES MÁS CREADOR,
ES DECIR, MÁS HOMBRE
(M. QUOIST)




YO, AYUDO A TERMINAR EL MUNDO

¿Por qué tengo que hacer siempre lo mismo? ¡Qué aburrido! Todos los días, todas las mañanas, todas las horas, siempre lo mismo. En mi mesa de estudio, en el aula, en el taller, en mi casa, me esperan las mismas tareas. A veces las realizo  con entusiasmo, otras, con huellas de cansancio y rutina.
Tengo que encontrar un significado a esto cotidiano que hago cada día. Esa es mi misión.
Al trabajar, al estudiar, al esforzarme, me asemejo a Jesús, el hombre Dios, quien vino para dar un sentido a toda mi vida. Por eso nos dice de El el Concilio:
"Trabajó con las manos de hombre, obró con voluntad de hombre, pensó con inteligencia de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante a todo a nosotros, excepto en el pecado"
(Gozo y esperanza, 22).

El trabajo deposita en mí una inmensa carga de responsabilidad. Soy una parte que no puede fallar.
El hombre no es, se hace. Se termina de hacer por el trabajo.
Desarrollo cada día mi inteligencia, mis facultades técnicas o artísticas, mis condiciones culturales, de acuerdo al uso que hago de ellas en mi trabajo.
Colaboro con Dios en la construcción de un mundo que se va haciendo. Dios, para terminarlo, esperó que hoy yo pudiera prestarle mis brazos y mi inteligencia.
Esto me llena de optimismo, confianza y mayor seguridad.

¿POR QUÉ NO LLAMAS A NORBERTO?...

"Esta mañana cuando quise hacer arrancar el automóvil, todo fue en vano. Fue inútil que me engrasara olisqueando los cables. Felizmente a mi cuñado se le ocurrió decirme:¿por qué no llamas a Norberto" El se entiende".
Fuimos juntos hasta la casa de Norberto. Aquí está el pequeño, pero ágil y siempre sonriente muchacho, muy activo en el taller de su padre. Mientras mi cuñado lo pone al tanto de las circunstancias  contemplo esa faz traviesa, que tanto suele darme en el aula y que ahora nos ilumina con una esperanza de solución.
Su padre está ausente. El, un poco amo de casa en la emergencia, cierra el taller y nos acompaña.
Norberto comparte las jornadas estudiantiles con este oficio de  electricista que es también  el de su padre.
Estamos en las vacaciones de invierno. Pienso en otros chicos de la misma edad que Norberto, que están de paseo, o al menos duermen hoy hasta muy tarde...
Ha tomado de inmediato sus herramientas y nos acompaña. Ni siquiera se ha preocupado por ponerse un abrigo.
Ya en el galpón de  casa revisa todo con sus manos diestras. Carga luego el acumulador y anuncia su regreso para más tarde. . .
. . .Y ya lo veo llegar nuevamente con el acumulador, arreglado, al hombro.
Lo observo. Maneja con tanta habilidad y destreza las herramientas, que me deja sorprendido. No dudo que ha de ser útil a la comunidad donde actúe. Ya lo es, ciertamente. Además, irradia simpatía y felicidad, entre sus compañeros, en la calle, donde se lo encuentre. ¿No es esto en sí una carrera cumplida?".
(De: Pueblo y Escuela).






NOS VAMOS 

HACIENDO A MEDIDA

QUE HACEMOS


**************



Deportista es  aquél
que se somete a un ejercicio
físico capaz de:
tonificar su espíritu,
dar energías a su voluntad
y vigor a su cuerpo.
Ser deportista
es algo tan humano, 
como lo es el desarrollo
armónico y total de tus
facultades intelectuales,
morales y físicas.
Ya lo decía Platón,
el filósofo griego:
"Hay que embellecer este
templo, que es el cuerpo,
por medio de la gimnasia,
para que Dios se encuentre
bien en él".
Y nuestro querido Papa,
Juan el Bueno nos dice:
"El deporte es un valor 
de primer orden para el
ejercicio de las virtudes"
Ser deportista,
como vez, es algo muy grande 
y muy noble.
DECÁLOGO 10
DEL
 DEPORTISTA


  1. Respetar las reglas propias del juego.
  2. Saber ganar con modestia y perder con dignidad.
  3. Hacer desaparecer la rivalidad, el mal humor, la grosería.
  4. Mostrarme indulgente con el compañero que ha jugado mal.
  5. En caso de disputa mantener serenidad, ceder antes que enfadarse.
  6. Sentirse siempre miembro comprometido de un equipo.
  7. Alegrarse con el compañero que hizo una buena jugada.
  8. Evitar el querer imponerse o lucirse destruyendo al otro.
  9. No exigir atenciones o preferencias en fuerza de la fama.
  10. Servirse del juego para afirmar la personalidad de una manera integral.


Ofrecimiento
Señor, yo quiero que mañana,
mi vida sea bella,
ardiente y generosa,
y toda semejante a la tuya.
Aquí me tienes ante ti.
Yo pongo en tus manos
todo lo nuevo de mi vida de hoy:

                                                           mis gozos y dificultades,
                                                           mis deseos y mis inquietudes,,
                                                           mis entusiasmos y mi juventud,
                                                           mi estudio y mis deportes,
                                                           mis diversiones y mi trabajo.

Tú que eres el amor
Tú que me das la vida,
descubre a mis ojos
los misterios de la vida
y las maravillas del amor.
Yo tengo necesidades de ti:
¡ilumíname!
Ayúdame a mí
y a todos los jóvenes del mundo
a llegar a ser HOMBRES.





lunes, 29 de noviembre de 2010


Agustín
       Aborrece
     El estudio



Agustín, hoy venerado como santo, nos cuenta en sus escritos titulado: "Confesiones", lo siguiente:

"Mis padres me pusieron en la escuela, para que aprendiese a leer. Yo, triste de mí, no sabía el provecho que había en ello. . . Escribía, leía y pensaba en el estudio menos de lo que exigía de nosotros.. No por falta de memoria o ingenio, sino porque nos gustaba jugar... No gustaba yo de las letras, y llevaba a mal que me apremiasen a estudiarlas. Pero me obligaban y con ello me hicieron bien. Era yo el que no hacía bien, pues no estudiaba sino forzado; y el que obra contra su voluntad, no hace bien, aunque sea bueno y agradable lo que hace".

Nos cuenta más adelante cómo, al tener que suspender sus estudios cae en el ocio, comprobando el daño que le acarrea la ociosidad:

"Ininterrumpidos mis estudios por las estrecheces domésticas, comencé a vivir con mis padres, descansando de toda clase. Las espinas de mi lascivia crecieron por encima de mi cabeza y no hubo una mano que las arrancara... Recorría yo las plazas y me revolcaba en el fango de las pasiones. Cada vez me volvía más vicioso y cuando no había cometido alguna culpa que me igualase a los demás perdidos, fingía haber hecho lo que no había hecho, por no sentirme menos que ellos..."
(Confesiones II y III)


Más
Tarde…


Algunos años después, Agustín llega a valorizar a fondo la riqueza que encierra el conocimiento de todas las cosas, y afirma que sólo el conocimiento de Dios nos hace felices en plenitud:

"Desventurado el hombre que sabe muchas cosas pero no te conoce. Dios mío. Dichoso, en cambio el que te conoce aunque no las sepa. Pero el que te conoce a ti, Señor y también a ellas es más dichoso todavía, no por ellas sino por ti, si conociéndote te glorifica y te da gracias... Así, el que sabe poseer un árbol y te da gracias por el uso que hace de él, aunque no sepa cuántos metros mide de alto y cuántos de ancho... es mucho más feliz que él astrónomo que mide el cielo y cuenta las estrellas y pesa los elementos  y no se preocupa de ti, que eres quien ordenas todas las cosas en número, peso y medida".
(Confesiones V,  7).





domingo, 28 de noviembre de 2010


NO ES FELIZ
EL QUE HACE
LO QUE QUIERE,

SINO EL
QUE QUIERE
LO QUE HACE
¿QUÉ HAGO?

"Buenas noches, diario mio.
Hoy estamos solos. Me he peleado con Estela, y también con las otras chicas. Mamá me ha negado su permiso para el cine de todo el mes, porque dice que mis notas son malas, y además ¿cuándo va a dejar que me pinte? Todas se pintan ¿qué hago? No tengo ganas de nada. Leer..., llorar..., poner un disco..., mirar por la ventana... No quiero estudiar. No quiero nada. Cuando estoy en la escuela deseo estar en casa; cuando estoy en casa prefiero estar en la escuela, para escapar de este ambiente cerrado y mutilante. ¡Cuándo seré libre! Cuándo podré hacer lo que me gusta y no vivir pendiente de las órdenes de papá y mamá, y de los caprichos de mis hermanos menores que tanto me fastidian"
(Del diario de M:P:)


DIOS QUIERE QUE SEAMOS
NOSOTROS MISMOS, Y NO
LO QUE EL AZAR
HAGA DE NOSOTROS.





**********************
SOY
EL ESCULTOR
DE MÍ
"YO"


**********************
El valor de una obra de arte  -cuadro o estatua- es  el fruto de una serie de golpes de cincel o de pincel. Pero detrás de estos golpes está el pensamiento del artista, que es el que da una forma armoniosa a toda la obra. Soy el pintor o escultor de mi propia personalidad. Segundo a segundo me voy realizando. Cada uno de mis actos: estudio, deportes, diversiones, trabajo, es un golpe de cincel que va creciendo en mi "yo", único e irrepetible. Ninguno de mis  esfuerzos es inútil o estéril. La aventura más prodigiosa que puedo emprender es la de mi propia vida.

Para construir la escultura de mi yo, necesito dejarme "modelar" por el cincel o el martillo. Así como el mármol debe renunciar a ser un bloque amorfo, si quiere convertirse en una obra bella; así yo debo renunciar a todo lo que no forma mi personalidad: ignorancia, pereza, debilidad, ocio, etc. El estudio destruye mi ignorancia, y llena los surcos de mi ser de semillas prontas a germinar. Su desarrollo me hará optimista frente a la vida, me hará vivir en plenitud. El estudio me ayuda no solo a hacer sino a SER.

Se dice con razón que somos "hijos de nuestras obras", porque el trabajo es el que me realiza, desarrolla en mí el dominio sobre la naturaleza, y me hace responsable.

El deporte es una ocasión maravillosa para afirmar y robustecer mi personalidad. También las diversiones, cuando son buenas, me ayudan a cincelar y robustecer mi yo.












jueves, 25 de noviembre de 2010

AL AIRE
LIBRE


Era la primera vez que iba a campamento. Nunca como entonces me sentí un ser libre, experimente ser "yo" mismo, sin la  sobreprotección de mis padres y sin las exigencias fastidiosas de un horario familiar.
Me sentí libre como el viento. Abierto a la intemperie, sin miedo a las inclemencias.
Mi cuerpo fue tomando un vigor inusitado. Se tonifico y engrandeció.
La naturaleza fue mi gran educadora. Todo en ella era limpio y noble. Jamás me mintió. Nunca exageró.
Pasé muchas noches, sobre una cumbre, de cara al cielo, hablando de "tú a tú" con Dios. Vi correr las estrellas y me sentí embriagado de paz.
Por las mañanas una zambullida nerviosa, rápida, porque el agua conservaba el frió de la noche. En cambio por la tarde, el baño era gozoso porque los rayos solares habían templado las aguas.
Durante el día, eran mis mayores aventuras: subir al árbol más alto del bosque, mirar durante horas el reflujo de mar, realizar largas caminatas... Al oscurecer, cazar ranas a la luz de un farol. Por las noches reunidos en torno a una hoguera, reír, cantar y danzar. Fue en esas vacaciones donde me encontré conmigo mismo, adquirí confianza en mis fuerzas, serenidad en los peligros y optimismo para enfrentar mi vida.
(Confecciones de un adolescente)





ORACIÓN
PARA FORMAR MI YO 

Cristo, hombre perfecto.
Señor de tu carácter,
de tus pensamientos
de tus afectos, 
de tus sentidos;
dame el saber forjarme
un carácter viril y recto, 
como Tú , caminante
indetenible.

Alegre y entusiasta,
ni indeciso ni ligero,
tierno, pero no débil,
optimista, nunca destructor.
Un carácter forjado
en el Evangelio
troquelado sobre las
bienaventuranzas,
y modelado por las manos de
María,
La Virgen Madre.
                   
                    Amén.


SOMOS LIBRES EN, LA MEDIDA
EN QUE ENCERRAMOS
NUESTRA VOLUNTAD
EN LA VOLUNTAD
DE DIOS


miércoles, 24 de noviembre de 2010


Todas las luces
son figuras de la luz
de Dios, puesta en
cada uno de nosotros.

ASPIRAS A LO BELLO

Ciertas travesuras, que tus mayores tachan de  hechos desconocido, son la manifestación de un despertar a realidades superiores: los sonidos, el ritmo, la armonía de las formas y  colores, el contraste de luz y sombra. Quizá también a ti te haya sucedido lo que nos cuenta este adolescente:
"Cuando volvíamos del colegio no dejábamos de cruzar la calle en esa cuadra. Es que eran unas hermosas rejas. Finas y altas. Rectas, sin desviaciones, desfilando como soldados. Y respondían al requerimiento de nuestras reglas, que recorrían su costillar una y otra vez, produciendo un ruido quejumbroso, un sonido alto y a veces bajo, un tableteo de locura.
Alguno de nosotros no se conformaba con la regla. Se proveía de un palo o de una varilla de hierro. Entonces los ruidos bajaban y subían, se multiplicaban, gritaban, aplaudían, ametrallaban. Y con una sucesión de personales alaridos, terminábamos a toda orquesta, mientras reagrupábamos el paso acompañados por el glorioso coro de los furiosos perros, que encaraban del otro lado de la verja".
"Por la noche, en el campo, mi hermano y yo siempre salíamos cuando alguno -tomando el farol- se dirigía hacía afuera en actividades nocturnas.
El farol, con su luz, era nuestra protección. Y hacía de la noche, los árboles, las sombras, los reflejos, los objetos, un mundo distinto. Acompañábamos al farol en sus giros y en sus cruces. Vivíamos temblando en él. Nos suspendíamos de su luz, nos dejábamos hamacar en ella. Queríamos ser un poco el mismo farol. Íbamos y veníamos con él, tan rápido en llegar a todos los rincones, tan veloz en las modificaciones de las figuras. ¿Teníamos el farol en nuestro corazón, además de tenerlo en los ojos? ¿Es qué éramos un poco como el farol? ¿Verían todo eso los mayores? ¿Veían acaso como éramos nosotros? Mi hermano y yo éramos felices".
(Confecciones de un
adolescente)

UN DESTELLO DE DIOS 

En el umbral de tu adolescencia, te vas abriendo, poco a poco, al sentido de lo bello. Aprendes a amar y gustar la música, la armonía de una obra artística, la majestuosidad de una montaña, la belleza de un rostro juvenil.
La naturaleza, porque es un destello de la belleza de Dios, despierta en tu corazón  el sentimiento de lo sagrado y divino. Cuando contemplas un apuesta de sol; el mar en su inmensidad; cuando escuchas el gorjeo de los pájaros o el rugir de viento entre los árboles, te sientes como transportado al mundo de lo infinito.
Empiezas por descubrir  el ruido y los sonidos más comunes, por acompañar con golpes rítmicos alguna canción y,  luego, llegas a armonizarlos hasta formar un conjunto con otros compañeros de grupo.
Es natural que, al principio, prefieras las sensaciones acústicas ruidosas. Más tarde irás encauzando tu gusto artístico, hasta traducirlo en una forma de expresar tu alabanza a Dios:

¡Demos gracias al señor
con la guitarra.
Cantemos con el arpa
a nuestro Dios.
Cantemos al Señor
un canto nuevo.
Y acompañemos con arte
la canción.
(Salmo 32)




martes, 23 de noviembre de 2010

MÁS QUE
       UN DIARIO,
UNA CONFESIÓN


Escrito con tal sinceridad que raya en la crudeza.
Es de joven ardiente y pasional, inteligente como pocos han sido en este mundo.
Intrépido, insatisfecho y audaz que vivió intensamente todos los minutos de su vida.
El fuego pasional ardía crepitante en él, apenas llegado a la adolescencia. Basta leer su "Confesiones" para comprenderlo:
". . . hubo un tiempo en mi adolescencia en que me abrasaba por hartarme de cosas bajas, y osé convertirme en un matorral de varios y sombríos amores; y se consumió mi hermosura y me convertí en podredumbre. . ."
". . . y me agitaba, y me desbordaba, y me derretía, y hervía en mis pasiones incontroladas... ansiando amar, buscaba a quién amar, porque tenía hambre. . ."
". . . con increíble  ardor de corazón, deseaba la verdad... Buscar, alcanzar, retener y abrazar fuertemente la misma sabiduría, donde quiera que estuviese. . ."
¡Cuantos adolescentes podrían hoy repetir las mismas palabras!
Tajante, sincero, tiene al menos la valentía de no ocultar con palabras eufóricas "su debilidad" , ni disculpar su locura.
Y corrió, beduino de un desierto, requemado y sediento de verdad y de amor, hasta la Fuente de la Vida. Dios lo estaba esperando en el camino. Su querer integro y fuerte le dio la victoria.
Batallador por instinto, perpetuo insatisfecho de apariencias, buscó la verdad integral que lo hizo libre.
Este joven es: el famoso san Agustin de Hipona.
El mismo clima sentimental, tumultuoso e indeciso, se agita en ti y provoca un estado de ánimo doloroso y alegre a la vez. Sufres y gozas. No comprendes con exactitud lo que te sucede, pero te interesa entrañablemente, porque es "tu vida".

OTROS COMO TÚ
DICEN:



Aquí tienes a María Isabel, Rubén, Yolanda, Fernando, Luz María... que como tú, busca una respuesta a su propia vida, a sus sentimientos más íntimos. Ellos dan su parecer sobre algo que les concierne muy de cerca, hablan de lo que sienten, de lo que no siempre logran comunicar a los demás:





MARÍA ISABEL:

Yo me siento
muy cambiada
de un tiempo
a esta parte.
A veces experimento
unas ganas locas
de bailar, de cantar,
de moverme.
Sobre todo cuando
estamos en clase 
de matemáticas.
Hay días en que todo
me aburre
y me entran deseos
de llorar y de estar sola.
Pienso que lo mismo
les pasa a mis amigas.
Así somos todos
los de mi edad.







RUBÉN:


Cuando viajo observo
las caras

de las personas.
Hay gente
que va muy seria,
casi me parece 
que están cansadas
de la vida.
Mis amigos y yo,
en cambio,
armamos barullo,
nos gusta conversar
en voz alta,
crear ambiente.
A nosotros
nos sonríe la vida
y nosotros
le sonreímos a ella.



YOLANDA:


Los adolescentes
queremos ser
nosotros mismos.
Somos personas
y tenemos
derecho
a que se nos trate
como tales.
Queremos que nos den
la posibilidad de elegir 
lo que nos gusta
que nos brinden
la oportunidad
de asumir
la responsabilidad
de nuestra vida.
Que no nos estén
diciendo cada rato,
lo que tenemos
que hacer.





FERNANDO:
Los adolescentes
-yo digo lo que siento
en mi mismo-
somos la esperanza
del mundo
y de nuestra patria,
porque estamos llenos
de empuje
y queremos ser grandes.
¿Por qué los adultos
no nos comprenden...?
Debieran dejarnos
hablar y,
sobretodo,
dejarnos actuar,
tener confianza
en nosotros.






LUZ MARÍA
Yo creo que nosotros
somos gente
que tenemos
muchos deseos de vivir,
porque la vida
es algo maravilloso,
algo así como
una mañana
de primavera.
El "Yo" que dormía
en el interior de
cada uno de nosotros
mismos,
se despierta
como la naturaleza
después de un invierno
y tiende a manifestarse
en todo su vigor
y lozanía.


El Concilio Vaticano II se ha interesado por ti. María Isabel, que sientes la vida como una explosión y un torrente incontenible. Se ha interesado por todos ustedes, jóvenes que se abren a la vida. La Iglesia los mira con amor y confianza, porque también ella es joven como ustedes. También ella "posee lo que hace la fuerza y el encanto de la juventud: la facultad de alegrarse con lo que comienza, de darse sin esperar recompensas, de renovarse y de partir nuevamente hacia nuevas conquistas".
Fernando, tienes razón, el Concilio dice que "ustedes van a recibir la antorcha de manos de sus mayores", y por eso el mundo, deposita en ustedes su esperanza.
La Vida te parece algo muy hermoso. Luz María. La encuentras con olor a prado y rocío, como una mañana de primavera.
Rubén, tú que sonríes a la vida, estás de parte de ella:



Cuando una persona
se olvida de sonreír,
Cuando pierde
la capacidad
de alegrarse
con lo que comienza,
ha perdido su juventud,
tiene síntomas
de anemia perniciosa.
La vida es joven como
el mar,
porque no puede
estancarse, paralizarse;
está en 
continuo
movimiento.
Y el movimiento
es alegría,
es sentido de plenitud,
es entusiasmo,
es novedad,
es mensaje.