sábado, 10 de septiembre de 2011



EL FILÓSOFO MENDIGO

A veces pensamos que esas entregas generosas y audaces a los demás son costumbres de otros tiempos, de la época de un Francisco de Asís o de un Martín de Porres. Creemos que los actos de heroísmo de una Juana de Arco o de una Rosa de Lima ya no se estilan, mientras que, en cambio, también en nuestros días podemos encontrarnos con hombres y mujeres capaces de gastar su vida por los demás. Estos son los que traducen a la vida la frase de Jesús: "El que ama  da  la vida por sus amigos". Hace  tiempo falleció en Italia un anciano de más de 70 años. Su madre era maestra, su padre, médico. Se había laureado en filosofía. Enseñó en varias escuelas públicas de su ciudad: Babilonia.
Hombre de gran cultura y amplia capacidad mental, podría haber triunfado en el mundo de los estudios con una brillante carrera. Pero no quiso y, ciertamente, no por desprecio a la cultura sino por el impulso de un amor más grande, por las exigencias de una caridad que le trazó otros caminos.
Decidió dedicarse a los pobres, trabajar para ellos, sufrir por ellos, inventar soluciones para sus problemas.
Se sentaba, en el frío de la noche, a la puerta de los cines o teatros. Allí era como la conciencia pública que recordaba continuamente a cuantos le veían las exigencias de la fraternidad y del amor cristiano.
Se jugó todo hasta el fin de su vida. Así surgieron en la ciudad y en los alrededores de Bolonia la "Ciudad del trabajo", la "Casa de la caridad", los "Autobuses de los pobres", etc.
En treinta años reunió a más de ocho mil huérfanos a quienes cuidó con amor de padre, dándoles una familia, un titulo y un trabajo.
Don Marella, este es el nombre del "filósofo mendigo" quien confesó hacia el final de su vida: "No tuve otra ambición que la de hacer el bien y hacérselo hacer también a los demás". 






SI UN HOMBRE NO ENCUENTRA
EN QUE GASTAR LA VIDA
ES QUE TODAVÍA
NO HA APRENDIDO A VIVIR.





NOSOTROS AMAMOS
PORQUE DIOS NOS AMO PRIMERO.
PERO EL QUE DICE:
AMO A DIOS Y NO AMA
A SU HERMANO, 
ES UN MENTIROSO:
¿COMO PODRÁ AMAR A DIOS,
A QUIÉN NO VE,
EL QUE NO AMA A SU HERMANO
A QUIÉN VE?

(1 Jn. 4,19-20)






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