NUESTRA EXISTENCIA ES COMO LA HIERBA
COMO LA FLOR QUE BROTA EN EL CAMPO;
BASTA QUE EL VIENTO LA ROCE Y YA NO ÉXISTE.
NI UN RASTRO SUYO QUEDA EN EL LUGAR.
PERO EL AMOR DEL SEÑOR ES ETERNO,
Y SE TRANSMITE DE PADRES A HIJOS.
(Salmo 102).
La vida que poseo, no la tengo por mi mismo. Sino fuera así no consentiría jamás en perderla. Pero, ¿es que la vida puede perderse?... Aparentemente sí. Una flor se marchita, un cuerpo se desintegra, pero la vida, la verdadera vida, no muere, no puede morir, porque Aquél que me la prestó, que me la da, que me la comunica, es la fuente de la vida: Dios.
No soy la vida, así como el espejo totalmente iluminado no es la luz: tiene la luz, la refleja, pero la fuente de la luz está, además, en otro lugar que en el espejo: está en el sol o en la lampara, las cuales son la luz.
Así Dios en relación a todo lo que existe, es como el sol en relación a todo lo que está iluminando.
La fuente de la vida es Dios. Yo digo: "tengo la vida", pero no se me ocurriría decir: "Soy la vida". Sólo Dios puede decirlo, porque:
"todas las cosas fueron hechas por El
y sin El no se hizo nada de cuanto existe.
Todo lo que existe tiene vida en El
y la vida es la luz de los hombres.
(Jn. 1,3-4).
EL CORAJE DE VIVIR
Son muchos los que inician la vida queriendo "ser alguien", pero como se acobardan y se rinden ante las primeras dificultades, no llegan a ser más que "algo".
En cambio un hombre, Alain Bombard, con su experiencia, que es una verdadera aventura, nos demuestra el coraje de vivir.
En 1952 arriesgó su vida lanzándose en una travesía del Atlántico, sin agua y sin víveres, para demostrar que el mar puede alimentar, durante meses, a los hombres abandonados a su suerte.
A bordo de una chalupa neumática de 4,60 mts. de largo por 1,90 mts. de ancho, transportaba exclusivamente un rudimentario material que debía permitirle asegurar su subsistencia.
Sólo la fuerza del viento y la maestría de Bombard en el manejo de la vela, condujeron al náufrago voluntario desde Tanger a las islas Barbados.
Por la noche, el navegante solitario fijaba la vela y el timón y se dormía, confiando su suerte a los elementos. Al alba se despertaba en la inmensidad vacía, entre el cielo y el mar, totalmente solo.
Cuando el océano desataba su furor, la canoa, desamparada, rebotaba como una pelota. Después de la tempestad Bombard recogía los peces voladores que habían chocado con la vela. Los tenía que comer crudos, pero la verdad fue que, después de una agotadora noche de temporal, el pescado crudo se le presentaba como un banquete.
Al final ya de su peligrosa aventura, un pez espada, logró después de seis horas de ataque, agujerear el fondo de su bote neumático. Bombard se vio obligado a sacar continuamente el agua que entraba, durante los dos días que tardó en llegar a tierra firme. El náufrago voluntario vio por fin tierra: era la isla de Barbados.
Cuando llegó a la playa de arenas movedizas, obstáculo que Bombard superó sin dificultad, pesaba 25 Kgs. menos pero salía triunfante de su aventura.
Como conclusión de su libro "Náufrago voluntario", el doctor Bombard revela a sus lectores un precioso secreto:
"Cuando un hombre se encuentra sumido en lo que él cree que es la más profunda y justificada desesperación, siempre hay algo que nos invita y nos ayuda a seguir viviendo".
SIEMPRE HAY ALGO QUE NOS INVITA Y NOS AYUDA A SEGUIR VIVIENDO.
EL CORAJE DE VIVIR
Son muchos los que inician la vida queriendo "ser alguien", pero como se acobardan y se rinden ante las primeras dificultades, no llegan a ser más que "algo".En cambio un hombre, Alain Bombard, con su experiencia, que es una verdadera aventura, nos demuestra el coraje de vivir.
En 1952 arriesgó su vida lanzándose en una travesía del Atlántico, sin agua y sin víveres, para demostrar que el mar puede alimentar, durante meses, a los hombres abandonados a su suerte.
A bordo de una chalupa neumática de 4,60 mts. de largo por 1,90 mts. de ancho, transportaba exclusivamente un rudimentario material que debía permitirle asegurar su subsistencia.
Sólo la fuerza del viento y la maestría de Bombard en el manejo de la vela, condujeron al náufrago voluntario desde Tanger a las islas Barbados.
Por la noche, el navegante solitario fijaba la vela y el timón y se dormía, confiando su suerte a los elementos. Al alba se despertaba en la inmensidad vacía, entre el cielo y el mar, totalmente solo.
Cuando el océano desataba su furor, la canoa, desamparada, rebotaba como una pelota. Después de la tempestad Bombard recogía los peces voladores que habían chocado con la vela. Los tenía que comer crudos, pero la verdad fue que, después de una agotadora noche de temporal, el pescado crudo se le presentaba como un banquete.
Al final ya de su peligrosa aventura, un pez espada, logró después de seis horas de ataque, agujerear el fondo de su bote neumático. Bombard se vio obligado a sacar continuamente el agua que entraba, durante los dos días que tardó en llegar a tierra firme. El náufrago voluntario vio por fin tierra: era la isla de Barbados.
Cuando llegó a la playa de arenas movedizas, obstáculo que Bombard superó sin dificultad, pesaba 25 Kgs. menos pero salía triunfante de su aventura.
Como conclusión de su libro "Náufrago voluntario", el doctor Bombard revela a sus lectores un precioso secreto:
"Cuando un hombre se encuentra sumido en lo que él cree que es la más profunda y justificada desesperación, siempre hay algo que nos invita y nos ayuda a seguir viviendo".
(DE: "Mensajero juvenil").
UN VIAJE INSOSPECHADO.
Hubieses querido estar en el lugar de Bombard, el náufrago voluntario, o de Armstrong, cuando posó sus pies en la luna.
También te entusiasman las aventuras de los "hombres ranas" que descubren, en las profundidades del mar, un mundo de ignoradas maravillas.
¿Qué sentiste ante la descripción del fenómeno que origina la erupción de un volcán? ¿Qué piensas del famoso volcán mexicano Paricutin, que en diez semanas alcanzó una altura de 300 metros?
Te agradaría, sin duda, viajar a otros países y descubrir mundos desconocidos.
A través de tus estudios, del cine, de la televisión, tratas de penetrar ese mundo maravilloso que te rodea. Quieres aprovechar al máximo todas las posibilidades que Dios te ofrece para descubrir su Creación y para maravillarte frente a las creaciones de los hombres.
LA VIDA QUE NO FLORECE
Y ES ESTÉRIL Y ESCONDIDA
Y NI FECUNDA NI CRECE
ES VIDA QUE NO MERECE
EL SANTO NOMBRE DE VIDA
Pemán
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