¿CÓMO
CRECER?
Aquí abajo,
vivir es cambiar,
y llegar
a la plenitud
equivale a haber
cambiado muchas veces.
Todo nacimiento y crecimiento está rodeado de un sinnúmero de cuidados.
El agricultor prepara la tierra y la abona, siembra la semilla y la riega. Cuando aparece el tierno y frágil tallo duplica sus cuidados. El rendimiento y la consistencia de la planta depende, en gran parte, de esta primera etapa de su evolución.
También en la segunda etapa, el agricultor desempeña un papel importante. Prolonga el cuidado de acuerdo a las necesidades o exigencias de cada una de las distintas plantas.
Nosotros, en los primeros períodos o etapas de nuestra vida, también estamos bajo el cuidado de nuestros padres o educadores, pero no obstante, no dejamos de ser, un poco, agricultores de nosotros mismos.
Del cuidado que nos brindan y de nuestro esfuerzo y colaboración personal, depende el que lleguemos a crecer bien o mal.
Somos como un campo en el que crecen juntos el trigo y la cizaña, es decir, las buenas cualidades y la malas inclinaciones.
Dios espera de cada uno de nosotros que crezcamos y que demos fruto. Si no lo hacemos corremos el riesgo de identificarnos con la higuera estéril, de la que nos habla el evangelio:
"A LA MAÑANA TEMPRANO,
MIENTRAS REGRESABA
A LA CIUDAD
JESÚS TUVO HAMBRE.
AL VER UNA HIGUERA
CERCA DEL CAMINO
SE ACERCÓ A ELLA,
PERO SOLO ENCONTRÓ
HOJAS.
ENTONCES LE DIJO:
"NUNCA VOLVERAS
A DAR FRUTO".
Y LA HIGUERA
SE SECÓ DE INMEDIATO"
(MT. 21, 18-19)
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ZAMBA
DEL
GRANO DE
GRANO DE
TRIGO
Zamba del grano de trigo,
mañana yo he de ser pan,
no le tengo miedo al surco
algún día he de brotar.
Barbecho de terrón fresco
tu sangre yo he de mamar,
tierra que serás mi madre,
un nuevo ser me has de dar.
Silencio y noche es mi tumba
espigas germinarán;
siento por uno y molienda
mañana voy a ser pan.
La muerte aguarda en el surco
cálido abrazo nupcial,
muerte, sabrás un secreto,
cuando matas, vida das.
Me enterraré en tus entrañas
el mundo me olvidará;
es doloroso tu abrazo,
pero yo quiero ser pan.
Tallo verde, dos hojitas,
mi espiga despunta ya;
ciento por uno y molienda,
mañana voy a ser pan.
LA
LUZ DE
MI CUERPO
El cuerpo es una obra magnífica de Dios. Tiene necesidad de luz interior para mostrar su grandeza.
Dice Jesús en el evangelio: "Los ojos son la luz del cuero. Si los ojos están sanos, todo el cuerpo estará iluminado. Pero si los ojos están enfermos, todo el cuerpo estará en tinieblas" (Mt. 6, 22-23).
Lo que hace bello nuestro cuerpo es nuestro corazón. Si sólo cuidamos su aspecto físico lo convertimos en un ídolo.
Hay quienes profesan un culto exagerado al cuerpo.
Algunos adolescentes sólo admiran a los "dioses del stadium" y sueñan con un pecho y unos músculos de excepción.
Pero, por otra parte, sería un error despreciar el cuerpo, ya que es una criatura de Dios, que nos ha sido confiada para que la desarrollemos y la pongamos a su servicio. La famosa bailarina Isadora Duncan, descubrió que el cuerpo debía ser la expresión de espíritu humano a través de movimiento corporal...
...busqué el manantial de la expresión espiritual para encauzarlo por los canales de cuerpo, inundándolo de una luz vibrante; la fuerza centrífuga que reflejara la visión del espíritu".
**BIENAVENTURANZAS
Todos los que hacen
algo bello y bueno
es porque han dominado
su cuerpo
y le han exigido
sacrificios.
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CONSAGRACIÓN DEL CUERPO
Señor, me has dado un cuerpo,
para que me ayude a cumplir mi misión
sobre la tierra y en el cielo.
Por el bautismo quedó consagrado a Ti,
tanto como mi alma.
Yo renuevo hoy esta consagración,
y pongo especialmente mi cuerpo a tu servicio.
Dame dominio absoluto sobre él;
que sea siempre un instrumento mío
y no un tirano.
Hazlo puro para el trabajo
y para la fatiga,
permeable a la gracia,
dispuesto para servir a los demás.
Quiero rechazar cuanto pueda hacerle daño:
glotonería, indolencia, impureza,
quiero también privarle a veces
de algunos goces honestos
para hacerlo dócil al mandato de mi voluntad.
Haz que el frecuente contacto
con tu Cuerpo, en la sagrada comunión,
lo haga fuerte y lo libre de toda maldad.
Lelotte.
LUCHO PARA TRIUNFAR
Mi cuerpo es un templo en el que habita Dios.
Embellecerlo por medio de la gimnasia, del deporte, y del entrenamiento continuo, es disponerlo al mejor servicio de Dios.
Esto, a menudo, puede exigirme renuncias y mortificaciones, pero a la vez agilizará mi cuerpo para que responda mejor a las exigencias de una vida que tiende a su plenitud.
Por eso San Pablo nos dice:
"Los atletas se privan de todo,
y lo hacen para obtener una corona que se marchita;
nosotros en cambio, por una corona incorruptible.
Así, yo corro, pero no sin saber adónde;
peleo, no como quien da golpes en el aire.
Al contrario, castigo mi cuerpo y lo someto a esclavitud,
no sea, que después de haber predicado a los
demás, yo mismo quede descalificado".
(1 Cor. 9,25-27)
**BIENAVENTURANZAS
DEL
DEPORTISTA**
DEPORTISTA**
- Bienaventurados los que cultivan su cuerpo, porque es templo del Espíritu Santo.
- Bienaventurados los que luchan por ganar un trofeo, porque se esforzarán más por el premio que no perece.
- Bienaventurados los que al aire se divierten, porque no pudren su corazón.
- Bienaventurados los que juegan con coraje y sin ira, porque se están haciendo hombres.
- Bienaventurados los que aceptan la derrota sin venganza, porque están haciendo cristianos.
- Bienaventurados los que saben jugar en equipo, porque a la Vida hemos de ir juntos.
- Bienaventurado el que disciplina su cuerpo en el deporte, porque a la vez templa su espíritu contra la tentación.
- Bienaventurados los que en el juego y en la vida se consideran espectáculo de los hombres y de Dios.






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