sábado, 6 de agosto de 2011


 ALLÍ DONDE FRACASARON

MUCHOS, TRIUNFAN SOLO

LOS MÁS FUERTES


HAY QUE SALTAR
LA VALLA.

La vida es una continua carrera de vallas y obstáculos.
Todos hemos visto, cuando se entrenan los caballos de carreras, cómo el jinete espolea al caballo para que salte limpiamente la valla. Caballo y jinete se compenetran en un mismo impulso. Alza el caballo sus patas delanteras en vertical, queda un instante en aire, y cae después en arco limpio al otro lado de la valla, para seguir galopando. Y esto se repite una y muchas veces, poniendo siempre vallas mayores, más difíciles, mas costosas.
Cada uno de nosotros tienen delante de sí su pista con sus respectivas vallas de más o menos altura según lo haya determinado la Providencia. El éxito está en saltar limpiamente el mayor número de vallas.
Ignoramos las dificultades, las crisis, los momentos difíciles por los que atravesará nuestra vida. Por eso cada no puede decirse a sí mismo: Yo no sé las vallas que encontraré en mi vida, pero debo estar preparado para saltar las más grandes.




"YO CREO QUE LO QUE CUENTA NO ES EL ÉXITO,
SINO MÁS QUE NADA
LAS MANOS ENSANGRENTADA
Y LA FRENTE SUDOROSA
DEL HOMBRE QUE HA LUCHADO...
PORQUE EL VERDADERO ROSTRO DEL HOMBRE 
PARA LA ETERNIDAD
ES SU VOLUNTAD DE  SER MEJOR .
ES LO QUE HABRÁ QUERIDO SER
AUN CANDO NO LO HAYA CONSEGUIDO"
(Van Deer Mersch)


EL PORQUE DEL FRACASO.

Frente a un fracaso, o a ciertas derrotas, por lo general tratamos de buscar la causa o el motivo fuera de nosotros. Sentimos la tentación de decir: "Yo no tengo la culpa... ¡esa profesora es intolerante!... ¡esa materia es algo difícil!... ¡mis padres son unos anticuados!... ¡el árbitro fue injusto!. . . y mil cosas más. 
Son frases que decimos sin reflexionar profundamente. ¿Por qué no tratamos de descubrir si no esta dentro de nosotros el motivo de nuestro real o aparente fracaso? Quizá, si nos examinamos, lleguemos a la sincera confesión a la que llegó Ana María en su diario:
"Sábado 9 de Abril. El boletín de notas debe llegar de un momento a otro. Ay. . . ay. . . ay. . . Mientras tanto, he traído a mi casa mi último cuaderno de trimestre. Mi rendimiento no es muy brillante que digamos. En casa me han tenido que reñir. Papá no se lo ha tomado a la tremenda, pero su aire cansad, imponente, me ha afectado mucho, mucho más que si me hubiera pegado dos gritos. Es verdad, que no rindo lo que debiera rendir. ero hay muchas asignaturas que me revientan, mejor dicho, profesores... Porque, a decir verdad, ésta es la  palabra. Me he dado cuenta desde que María Rosa me lo hizo notar. Estudio con los profesores que me son simpáticos; con los otros, no. Es una debilidad, lo sé, pero no la puedo superar, es más fuerte que yo. Las personas que me son antipáticas me ponen altamente nerviosa, y, aun antes de que hayan abierto el pico, ya se han equivocado. En case de la señorita García me paso todo el rato criticándola y no hago nada. Una vez más, mi sensibilidad. Al menos, ya empiezo a echarme en cara mis defectos. Según me parece, no es poco".

NO HAY NADA MÁS HERMOSO COMO DECIR CON FRANQUEZA: "NO TENÍA RAZÓN".


UN ÉXITO QUE NO SE NOTO.

"¡Me iba bien me iba mal! ¡Si mis padres hubieran sabido leer bajo el agua..., o adivinar un poco! No podía sacar buenas notas. Como ellos decían, "pasaba raspando", y eso les afligía, porque siempre querían verme arriba. ¡Pero  si ellos hubieran sabido! Luchar contra la vieja bruja de la pensión, mal alimentado como estaba; luchar en un medio hostil donde no querían a los forasteros; luego, sin ningún amigo, sin esos chicos de la infancia con los que siempre me había sentido tan confiado. Luchar contra esa angustia de la edad, tan inexplicable y por eso más angustiosa; esas oscuras tardes de soledad; ese dormir y dormir  para que todo pasara pronto y poder volver a casa, donde alguno me conocía y me quería...; y todavía luchar para salir bien y darles alguna satisfacción. Ellos no lo supieron y no lo sabrán, pero ahora que más o menos pasó esa pesadilla, creo que aunque no saliera muy arriba, el hecho de haber superado dignamente el año, fue para mí un éxito que no se notó, que ni yo mismo noté".
(Confesiones de un adolescente).






OTRA MANERA DE TRIUNFAR.

Leemos en el diario de Ana Frank:

“En ciertas ocasiones se me ocurre que Dios quiere ponerme a prueba, no solo para el momento sino en vistas del futuro. Lo principal es hacerme razonable, sin ejemplos y sin palabras inútiles, a fin de ser más tarde la más fuerte. . .

Anoche me puse  a leer un libro de Margot. Papá, entrando en la habitación notó el gesto de víctima de Margot, y exclamó: -¡Quería  verte a t si Margot se pusiera a hojear uno de tus libros!

El no cae en la cuenta de que no se porta con Margot igual que conmigo. ¡Margot es indudablemente la más inteligente, la más amable, la más bella y la mejor! Pero, de todos modos, yo tengo un poco de derecho de ser tomada en serio. Siempre he sido el payaso de la familia, siempre tratada de insoportable, siempre el chivo emisario: siempre soy yo quien expía y quien paga, ya sea recibiendo reprimendas, ya sea guardándome para mí sola mi desesperación. Las amabilidades  pasajeras ya no pueden agradarme ni tampoco las conversaciones llamadas serias. Yo espero de papá algo que é no es capaz de darme.


No estoy celosa de Margot, nunca lo he estado. No envidio su belleza ni su inteligencia. Todo cuanto pido es el cariño de papá, su afecto verdadero no solamente a su hija, son a Ana, tal como es. . . A pesar de todo me mantendré firme, recorreré mi camino…”





EL POR QUE DEL TRIUNFO.

Existe un secreto para triunfar. Nos lo confiesa Carlos Alberto, un joven que se trasladó a Buenos Aires para continuar sus estudios:
"Llegué a este colegio privado para cursar el bachillerato. La disciplina  es aquí muy severa, al menos para mí. Los profesores, buenos, pero exigentes. Conseguí eximirme en muy pocas materias, durante los cinc años de estudio. No soy una lumbrera, pero tampoco un infradotado. En fin desde los comienzos me resultó dura la tarea escolar.
Cursaba el quinto año. Era el último. Tenía el propósito de eximirme en todas las materias o, si eso no era posible, en la mayoría de ellas. No me importaba dejar una o dos para examen. Me dediqué menos al fútbol y traté de dar buena lecciones en los tres períodos activos. Ya en el último mes de clase, me di cuenta de que los promedios me señalaban el camino de cinco exámenes. . . Tuve que rendirlos a todos. Después de algunos días, llegaba a mi casa con el flamante diploma de bachiller en mis manos. "¡He triunfado!", dije a mis padres, eufórico de alegría, "¡soy bachiller!"
El triunfo para Carlos Alberto, como para todos, significa precisamente esto: alcanzar el ideal soñado, hacerlo realidad.
Pero, el llegar a lograrlo exige haber superado dificultades, sorteado obstáculos y saltado vallas, no siempre fáciles.
En mi vida de cada día triunfo cuando ese ideal o hecho que me propongo realizar van animados por una fuerza, un entusiasmo  interior, que no es  pasajero, sino que posee como características: la constancia, el esfuerzo, el optimismo y el valor.

CUANDO UNO TIENE FUERZA PARA VENCERSE A SÍ MISMO, PODEMOS CREER DE EL QUE HA NACIDO PARA COSAS GRANDES.

SÉ SUMISO Y REBELDE.
SUMISO PARA ACEPTAR
LA VIDA.
REBELDE PARA TRANSFORMARLA.








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