miércoles, 7 de marzo de 2012

UNA MARCHA
PARA
LOS FUERTES


Dieciséis jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 17 y 20 años, se propusieron recorrer a pie, una distancia de 353 kilómetros.
Quisieron dar a esta experiencia un nombre, y la titularon: "Una juvenil y silenciosa marcha para los fuertes". Su  finalidad era demostrarse a si mismos no sólo la fortaleza de sus cuerpos sino, particularmente, la de sus espíritus.
Alegría, compañerismo, entusiasmo, eran las características de la fuerza que guiaba la marcha de estos jóvenes.
El contacto con la belleza de la naturaleza norteña, ya desde las primeras horas de día, era un diálogo continuo con dios. 
No existía la posibilidad de que se dejara vencer por el cansancio o las dificultades porque el final de cada jornada los reunía en un cálido  encuentro, dónde ponian en común todas sus aventuras, peripecias y dificultades.
Este encuentro, culminaba con la celebración de la Eucaristía, la cual los fortalecía y preparaba para un nuevo día de marcha.
Recorrieron provincias del norte  argentino, soportando los calores de la temporada, gozando de esta deportiva y religiosa marcha, después de cuatro meses de entrenamiento.
Caminaron a una velocidad de cinco o seis kilómetros por hora. Algunos, los más audaces, llegaron a los siete kilómetros por hora. Peregrinación cubriendo casi cuarenta kilómetros por día, en nueve etapas, la última de las cuales la hicieron de noche.
Definitivamente nos encontramos frente a un grupo de jóvenes, capaces de señalarse a si mismos una meta, una marca de resistencia, para aplicarla a otros momentos de sus vidas.
Merecen la más cálida felicitación, porque lograron lo que se habían prepuesto de manera clara, eficaz y concreta.

ES MARAVILLOSO EL NÚMERO DE CASOS
IMPOSIBLES QUE LA GENTE DECIDIDA
LOGRA REALIZAR
NOSOTROS DEBERÍAMOS SER
DE ESE EQUIPO.