miércoles, 17 de noviembre de 2010

LO QUE HAY

DETRÁS

DE LO QUE VEO


Muchas veces me sentí atraído por la belleza física de una persona, pero al tratarla más de cerca, se fue desvaneciendo mi aprecio o la idea que me habia hecho de ella.
Otras veces me sucedió lo contrario. Me encontré con personas no dotadas de atracción externa. Mi primer impulso hacia ellas fue de antipatía o indiferencia, pero luego descubrí que la falta de armonía o belleza corporal, la debilidad física, incluso una enfermedad, como la de Lucia, pueden ocultar, o hacer florecer riquezas hasta entonces ignoradas.
Lucia estaba enferma del pulmón. Exámenes, punciones, tratamiento adecuado. Mejoraba un poco. Recaída, sufrimientos, operación, convalecencia, vuelta al hogar , recaída...
Le dicen que permanecerá enferma por el resto de sus días. Lucia toca el fondo de una enorme desesperación. Poco a poco descubre el mundo que está a su alrededor, los enfermos, los que sufren, los olvidados... Deja penetrar en sí todo el sufrimiento de los demás y esto la ayuda a sobreponerse a su dolor.
En las salas del hospital, donde pasa sus días, es como un rayo de sol. Ella misma confiesa: "Antes yo creía vivir. Ahora he descubierto la verdadera vida".
Otras veces caí en la cuenta de que un aspecto exterior de rebeldía y terquedad puede ser una máscara, que esconde una exquisita sensibilidad, como en el caso de Manuel:
Manuel parece como la encarnación de todas las infancias turbulentas. Es un tipo de adolescente que contrasta con otros que conocí.
Posee algo de salvaje en sus ademanes: negro, musculoso, de modales muy desenvueltos y atrevidos, si mezcla de timidez. Habla en un tono ronco y audaz, entonando sus párpados. Después de la primera conversación que tuvimos, se fue, golpeando la puerta.
Cuando lo volví a ver, en su rostro se dibujaba una cierta sonrisa de joven vencedor. Había cambiado de actitud. Su terquedad y rebeldía se abrían para dejar paso al amor.




Oración

Por

manuel

Señor, ahí queda Manuel,
de pie, con sus brazos cruzados
y su piel morena,
como un guerrero
sonriendo abiertamente
ante la vida.
Lo recordaré precisamente así
Señor, 
porque en esa actitud
me dio todo el tesoro
mejor que el poseía:
me dio su fuerza
para llevar a cuestas
su propia carga;
me dio su sonrisa,
 para saber usarla, sin miedo, 
de cara al viento más recio.
Lo vi así, y me hizo pensar
en todos los momentos
más pusilánimes de mi vida, 
en mis pequeñas
y grandes indecisiones,
las veces en que me ahogue
en una gota de agua...
Y el estaba allí, 
en pie,
sus brazos cruzados,
sonriendo cara al
viento nocturno.
Pero además, Señor, 
él ha encendido en mí
una luz nueva,
para hacerme comprender que,
detrás de cualquier
infancia turbulenta,
detrás de todas las desgracias,
las angustias,
las paredes que se desmoronan,
lo que aplasta y ahoga...
aún queda sitio
para el vencimiento
de sí mismo,
para la entrega más generosa,
para el amor,
y la ternura.
(De: "En la ciudad de los Niños").

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EL

CONCILIO

SE INTERESÓ

EN TI






LA IGLESIA
TE MIRA CON CONFIANZA
Y AMOR,
PORQUE TAMBIÉN ELLA
"POSEE LO QUE HACE LA FUERZA
Y EL ENCANTO DE LA JUVENTUD:
LA FACULTAD DE ALEGRARSE
CON LO QUE COMIENZA,
DE DARSE SIN ESPERAR RECOMPENSA
DE RENOVARSE Y DE PARTIR NUEVAMENTE
HACIA NUEVAS CONQUISTAS"

("MENSAJE CONCILIAR A LOS JÓVENES")













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