LA IGLESIA
TAMBIÉN CRECE

Desde el día en que el Espíritu Santo descendió sobre maría Santísima y los apóstoles reunidos en el cenáculo, la Iglesia, que entonces nacía, no dejó de crecer hasta nuestros días.
Los apóstoles, fieles a la consigna del señor, se desparramaron en todas las direcciones para dar testimonio de Cristo anunciando el Evangelio.
Muchos hombres y mujeres de distintos países y razas fueron convirtiéndose y se hicieron discípulos de Cristo. Así, a través del tiempo y del espacio, la Iglesia, que es el Cuerpo místico de que Cristo es la cabeza, fue creciendo.
Durante todos los siglos hubo quienes consagraron su vida para predicar el reino de Dios a los hombres. Por eso la Iglesia sigue creciendo hasta nuestros días.
Por el bautismo yo también formo parte de ese Pueblo de Dios que es la Iglesia. Todo lo que hago para vivir mejor mi vida de cristiano me ayuda a crecer y, conmigo, crece también el Cuerpo de Cristo.
la Iglesia creció tanto que hoy está presente en los cinco continentes. hombres de todas las razas, cada uno con su lengua, su cultura, sus costumbres y tradiciones, son mis hermanos en la fe. Yo los amo porque con ellos formo parte del mismo Cuerpo místico de Cristo.
Pero la Iglesia necesita seguir creciendo, porque son muchos los hombres que aún nada oyeron decir sobre Cristo y sobre su Buena Nueva de salvación. Algunos viven muy próximos a mí. otros, quizá están en los suburbios de mi pueblo, en las afueras de mi ciudad o en mi mismo barrio. ¿Puedo hacer algo por ellos?
Porque soy cristiano soy hermano de todos los hombres y debo amarlos superando prejuicios o resentimientos.

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