sábado, 19 de noviembre de 2011


ELLOS TAMBIÉN
SON  MIS
HERMANOS

En un territorio de 100.111 km.2, situado en pleno corazón de la región del Amazonas, a 27.000 km. de San Pablo (Brasil), en la inmensa selva brasilera, un obispo francés fundó,  hace años, una comunidad cristiana. Un sacerdote de los diez que trabajan en  esa zona nos narra su experiencia:
"Hay indios, es verdad. Los más salvajes huyen de los blancos. . . Les gusta la selva y son incapaces de fijar su residencia en un territorio. Nosotros les ofrecemos posibilidades de adaptación: utensilios de trabajo, consejos prácticos, etc. . . . Se hizo una campaña para difundir transistores por todas las selvas donde tenemos escuelas. Esto nos permite hoy hacer misiones de alfabetización, gracias a un emisor que abarca casi toda la región. Después de un año de trabajo, estamos viendo ya los primeros resultados. Un anciano que ha seguido regularmente todos los cursos sabe ahora leer y escribir. Puede controlar sus fichas de pago, firmar y votar. me dijo con mucho orgullo: "Ahora soy un hombre libre". . .
Vivimos en equipo. Pasamos juntos nuestra alegrías y nuestras penas. . . Encontramos un gran apoyo en los habitantes del país. El pueblo brasileño es muy acogedor. Cuando se vive sencilla y amistosamente, se nos acepta con mayor facilidad. Con estos lazos de amistad, es difícil sentirse solo, aunque estemos en plena selva. . ."

COMO LA VOCACIÓN SUPREMA DEL HOMBRE
ES UNA SOLA: LA DIVINA, 
LA MISIÓN DE LA IGLESIA TAMBIÉN ES UNA SOLA:
SALVAR INTEGRALMENTE AL HOMBRE.



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