sábado, 5 de noviembre de 2011

EL CONCILIO NOS  PIDE
UN CORAZÓN GRANDE



La familia recibió directamente de Dios la misión de ser la célula primera y vital de la sociedad. Cumplirá esta misión si, por la mutua piedad de sus miembros y la oración en común dirigida a Dios, se ofrece como santuario doméstico de la Iglesia; si la familia entera se incorpora al culto litúrgico de la Iglesia; si, finalmente, la familia practica el ejercicio de la hospitalidad y promueve la justicia y demás obras buenas al servicio de todos los hermanos que padecen  necesidad. 

Entre las diferentes obras  de apostolado familiar pueden mencionarse las siguiente:



  • Adoptar como hijos  a niños abandonados.
  • Acoger con benignidad a los forasteros.
  • Colaborar en la dirección de las escuelas.
  • Asistir a los jóvenes con consejos y ayudas económicas.
  • Ayudar a prepararse mejor al matrimonio.
  • Colaborar en la catequesis.
  • Sostener a las familias que están en peligro material o moral.
  • Proveer a los ancianos no sólo de lo dispensable, sino también de lo justo...
(Decreto sobre apostolado de los laicos).






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