EL CONCILIO NOS PIDE
UN CORAZÓN GRANDE
La familia recibió directamente de Dios
la misión de ser la célula primera y vital de la sociedad. Cumplirá esta misión
si, por la mutua piedad de sus miembros y la oración en común dirigida a Dios,
se ofrece como santuario doméstico de la Iglesia; si la familia entera se
incorpora al culto litúrgico de la Iglesia; si, finalmente, la familia practica
el ejercicio de la hospitalidad y promueve la justicia y demás
obras buenas al servicio de todos los hermanos que padecen
necesidad.
Entre las diferentes obras de
apostolado familiar pueden mencionarse las siguiente:
- Adoptar como hijos a niños abandonados.
- Acoger con benignidad a los forasteros.
- Colaborar en la dirección de las escuelas.
- Asistir a los jóvenes con consejos y ayudas económicas.
- Ayudar a prepararse mejor al matrimonio.
- Colaborar en la catequesis.
- Sostener a las familias que están en peligro material o moral.
- Proveer a los ancianos no sólo de lo dispensable, sino también de lo justo...

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