Círculos
Céntricos
Cuando arrojamos una piedra en las tranquilas aguas de un lago, vemos un fenómeno común: la piedra se hunde y, de inmediato aparece un sinnúmero de de círculos concéntricos, que se van abriendo más y más, hasta perderse en las orillas.
Todo este movimiento se origina por una piedra, pequeña o grande, no importa el tamaño. Es ella quien pone en movimiento el agua, apenas la toca. En forma similar, podríamos decir que nuestro amor debe ser algo así. Empezará por movernos a nosotros mismos y luego se irá abriendo hasta alcanzar a todos los hombre.
Sí debemos empezar por amarnos a nosotros mismos. Es Dios quien nos dice: que debemos amar al prójimo y agrega: "como a ti mismo".
El amor a nosotros mismos también nos ayuda a crecer, porque nos va mostrando el camino, la meta a alcanzar, si realmente queremos llegar a ser grades de verdad.
El amor debe abarcar, en primer término, a los más "próximos", que éste es el significado de la palabra: prójimo. De allí que debemos, ante todo, amar a nuestros padres, de quienes recibimos el ser, la vida; a nuestros hermanos, familiares, amigos, educadores, etc.
Pero nuestro amor no puede quedar reducido a ese círculo ya que tenemos un corazón grande, capaz de amar a todos los hombres del mundo. Por eso, nuestras fiestas de la alegría, como los círculos concéntricos de los que hablamos al principio, tienen, tienen que ayudarnos a abrir nuestro horizonte hasta abarcar a todos los hombres de todos los continentes, y a hacer de ellos una gran familia, porque el amor es vínculo de unidad, símbolo de amor. Así es, como tendremos que multiplicar las festas de la alegría haciéndolas cada vez más amplias. Empezaremos por la fiesta de la familia, para seguir con la fiesta de los compañeros, de los amigos, de los hermanos de otros países, de toda la Iglesia.
Todo este movimiento se origina por una piedra, pequeña o grande, no importa el tamaño. Es ella quien pone en movimiento el agua, apenas la toca. En forma similar, podríamos decir que nuestro amor debe ser algo así. Empezará por movernos a nosotros mismos y luego se irá abriendo hasta alcanzar a todos los hombre.
Sí debemos empezar por amarnos a nosotros mismos. Es Dios quien nos dice: que debemos amar al prójimo y agrega: "como a ti mismo".
El amor a nosotros mismos también nos ayuda a crecer, porque nos va mostrando el camino, la meta a alcanzar, si realmente queremos llegar a ser grades de verdad.
El amor debe abarcar, en primer término, a los más "próximos", que éste es el significado de la palabra: prójimo. De allí que debemos, ante todo, amar a nuestros padres, de quienes recibimos el ser, la vida; a nuestros hermanos, familiares, amigos, educadores, etc.
Pero nuestro amor no puede quedar reducido a ese círculo ya que tenemos un corazón grande, capaz de amar a todos los hombres del mundo. Por eso, nuestras fiestas de la alegría, como los círculos concéntricos de los que hablamos al principio, tienen, tienen que ayudarnos a abrir nuestro horizonte hasta abarcar a todos los hombres de todos los continentes, y a hacer de ellos una gran familia, porque el amor es vínculo de unidad, símbolo de amor. Así es, como tendremos que multiplicar las festas de la alegría haciéndolas cada vez más amplias. Empezaremos por la fiesta de la familia, para seguir con la fiesta de los compañeros, de los amigos, de los hermanos de otros países, de toda la Iglesia.
EL QUE TIENE CARIDAD
EN SU CORAZÓN
SIEMPRE TIENE
ALGO QUE DAR
EN SU CORAZÓN
SIEMPRE TIENE
ALGO QUE DAR


No hay comentarios:
Publicar un comentario