viernes, 10 de junio de 2011


UNA META
POSIBLE



Mi cuerpo, llamado a vivir en plenitud por la resurrección,  fue sometido por el pecado a la tiranía de las pasiones.
El Espíritu Santo que habita en mi desde el día de mi bautismo, me ayuda a liberarme diariamente, de todo lo que me esclaviza.
Necesito reforzar mi personalidad, mejorar mi carácter, dar equilibrio y sentido a mi vida. Solo lograré esto, mediante un dominio constante de mis tendencias y un encauzamiento de mis energías.

¿Cómo alcanzaré esta meta?...
  • Valorizando el descanso necesario, el deporte sano, la higiene y el arreglo personal, la alimentación adecuada, etc.
  • Evitando que mis instintos me lleven a la glotonería, a los excesos en el comer y beber, etc.
  • Renunciando, algunas veces, a ciertos gustos permitidos, como por ejemplo: golosinas, diversiones, momentos de ocio, etc.
A través de esto iré comprendiendo que mi cuerpo, es mi mejor amigo. Lo iré transformando y disponiendo a un diálogo más íntimo con Dios. Es Dios quien espolea y anima mi aventura. El quiere mi plenitud.



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