EL
ESPÍRITU
SANTO
NOS
ANIMA
A
OBRAR
Jesús, antes de ascender al cielo, prometió a los apóstoles enviarles el Espíritu, y en efecto:
"El día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto se oyó un ruido que venía del cielo, semejante a un fuerte viento que se hizo sentir en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas que parecían de fuego, las cuales descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distinta lenguas, según el Espíritu los permitía expresarse". (Hech. 2,1-4).
Aquí podemos comprobar, cómo la fuerza extraordinaria del Espíritu los impulsó a abandonar el cenáculo, para salir a predicar a todos los habitantes de Jerusalén. Anunciaban, sin miedo, que Jesús había resucitado.
El Espíritu les había llenado de amor, los convirtió en testigos de Cristo y los fortaleció, para que soportaran los azotes, la cárcel y hasta la muerte, por el nombre de Señor.
EL
ESPÍRITU SANTO
NOS
HACE
VALIENTES
TESTIGOS
DE
CRISTO

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