domingo, 19 de junio de 2011



La vocación cristiana es, 
por su misma naturaleza,
vocación al apostolado.
EL
SACRAMENTO
DE  LA VIRILIDAD


En mi vida diaria no me resulta fácil  amar a los demás. Mi egoísmo, mis antipatías, mi comodidad, mi falta de generosidad, mi desinterés, no me permiten ver en los otros a Cristo.
Necesito fortalecer mi voluntad y mi corazón. Jesús, por el sacramento de la confirmación, me enriquece con la fuerza especial del Espíritu Santo. De esta manera, me impulsa a asumir un mayor compromiso.
Como testigo de Cristo, estoy llamado a difundir y defender la fe con mi palabra y mis obras. El espíritu  es el que puede hacer brotar en mí, una primavera de vida y entusiasmo, como lo hizo con los apóstoles. El, todo lo pone en movimiento y es quien me lanzará a la conquista.
La confirmación me une más virtualmente a la iglesia, me hace mayor de edad, adulto en la fe. Dejo de ser el niño que vive para sí, para empezar a ser esa persona mayor que se preocupa por el crecimiento del Reino de Dios.

Esto es ser un cristiano adulto, es decir confirmado. Para esto he recibido el Espíritu Santo.

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