Semanalmente nos reuníamos en grupo, para ir ultimando los preparativos para "la fiesta de la alegría". Ya teníamos señalada la fecha y el lugar. El programa del día estaba listo. También habían sido preparados con singular cariño los regalos de los papás. Nuestro corazones, anticipándose al día del encuentro, vibraban de emoción. Con inmensa alegría ensayábamos nuestras canciones. Pero a todos, en el fondo, nos quedaba una pregunta por hacernos.
Fue Pedro quien, en la ultima reunión, dijo a quemarropa:
-Yo me pregunto una cosa: ¿Acaso el amor, la alegría, la unidad, pueden durar sólo un día?
Ante esta pregunta todos confesamos que, de una u otra manera, en un determinad momento, nos habíamos preguntado lo mismo.
Alguien incluso, tenía ya una respuesta. Era Fernando quien, poniéndose de pies dijo con gran entusiasmo:
-Esta festa tiene que asemejarse a una hoguera que se enciende para no apagarse nunca más. Claro que para que no se apague, todos tendremos que estar dispuestos a alimentarla con nuestra entrega, con nuestra alegría, con nuestra generosidad de cada día.
Juan Carlos, el jefe del grupo añadió:
-No olvidemos que para llevar a cabo este compromiso no estamos solos. Cristo está en medio de nosotros para ayudarnos, porque El es nuestro Jefe, nuestro Guía, nuestro hermano mayor.
¡Generosa juventud, ALELUYA,
que camina hacía la luz, ALELUYA!
¡Juventud que debe ser, ALELUYA,
mensajero de la fe, ALELUYA!
¡Entusiasmo en el obrar, ALELUYA,
alegría en la amistad, ALELUYA!
¡A luchar por la unidad, ALELUYA,
la justicia y la paz, ALELUYA!
¡En un mundo de dolor, ALELUYA,
mensajeros del amor, ALELUYA!
¡Peregrinos de la paz, ALELUYA,
hacía la felicidad, ALELUYA!
(Adaptado de "Negro espiritual")

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