lunes, 3 de octubre de 2011


¡
QUE
BELLO
ES
AMAR
¡
A
mar, querer a alguien es tenerlo presente, recordarlo siempre.

Amar es hermoso, pero no es fácil, porque nos exige una constante disponibilidad para poder hacer felices a los demás.
Amar es tratar de descubrir las necesidades y problemas diarios de quienes nos rodean, para ayudarlos a vivir con mayor alegría.
Concretamente puedo amar ayudando a un compañero en las tareas escolares, haciendo alguna atención o favor a mis padres o hermanos, proporcionando alegría a mi grupo de amigos, etc.
Amar es eso: entregarse, trabajar, sacrificarse por los demás en las cosas más insignificantes, porque sólo así se llega a sentir interiormente la alegría de amar.
Pero el amor verdadero, aquél que nos enriquece cada día, el amor que nos hace crecer, exige confianza, respeto y comprensión hacía las personas que amamos.
Amar es dar a los otros su propio lugar, es decir, concederles todo el respeto que merecen. Todos sentimos esa gran necesidad de ocupar nuestro lugar, ya sea en el grupo familiar o escolar, entre nuestros amigos o en la sociedad. Cuando se nos priva del lugar que nos corresponde, entonces se nos empequeñece.
Necesitamos, en cierta medida, basar nuestra seguridad, mi seguridad, en otro, en alguien que me conozca, que me acepte, que me reconozca como protagonista de mi propia historia personal. Ese otro, en último término es Dios, origen y culminación de todo cuanto existe.
Pero ese Dios que es Amor, como lo define el evangelista Juan, quiso dejarnos un reflejo de su amor en todo aquello que nos rodea, particularmente en nuestros padres, hermanos, educadores, jefes y amigos.
Amarnos así los unos a los otros usándonos atenciones, pequeñas gentilezas, animándonos y estimulándolos mutuamente, será el modo de permitirle a Dios que se sirva de nosotros para manifestar su amor a los hombres.


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