miércoles, 27 de octubre de 2010



**POCO  a  POCO…* * 


POCO A POCO,
TE VAS HACIENDO, 
HOMBRE O MUJER,
POCO A POCO,
VAS DESCUBRIENDO 
TU LUGAR EN EL
MUNDO.
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Crecer, madurar, descubrir tu mundo y el que te rodea, es algo que necesita tiempo, constancia y reflexión. Tienes un lugar en el mundo, no puedes renunciar a él. Tampoco puedes apresurar o retrasar el ritmo natural de tu crecimiento.  Esta maduración se va realizando en todo tu ser, en su aspecto físico, moral, intelectual, afectivo, espiritual. Como el capullo que, poco a poco, va rompiendo  las hojas que lo envuelven. Todavía no es una flor, pero ya empieza a resplandecer suavemente, a extenderse despacito, para abrirse completamente algún día y convertirse en flor verdadera.

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POCO A POCO, TU CRECES.
POCO A POCO, TU CUERPO SE ROBUSTECE.
POCO A POCO, TU MIRADA SE ILUMINA.





CRECER 
ES:
FORTIFICAR
EL
CUERPO,
ILUMINAR
LA INTELIGENCIA, 
ELEVAR
EL 
CORAZÓN.

°°°°°°°°°°°°°°

DEJA
AL 
SEÑOR
REALIZAR
SU
OBRA,
NO
TE
IMPACIENTES, 
PERMITELE
A
LA
NATURALEZA
SEGUIR
SU
RITMO.
NO 
DERROCHES
LAS 
FUERZAS
DE
TU
VIDA...
¡ GUÁRDALAS
PARA
EL AMOR!

* ° * ° * ° * ° *

EL PRINCIPITO Y YO


"...aquella flor había germinado un día de una semilla llegada de quién sabe dónde, y el Principito había vigilado cuidadosamente desde el primer día aquella ramita tan diferente de las que él conocía. Podía ser una nueva especie. Pero el arbusto cesó pronto de crecer y comenzó a echar su flor. El Principito observó el crecimiento de un enorme capullo y tenía el convencimiento de que habría de salir de allí una aparición milagrosa; pero la flor no acababa de preparar su belleza al abrigo de su envoltura verde. Elegía con cuidado sus colores, se vestía lentamente y ajustaba uno a uno sus pétalos. No quería salir ya ajada como las amapolas: quería aparecer con todo el esplendor de su belleza. ¡Ah, era muy coqueta aquella flor! Su misteriosa preparación duraba días y días. Hasta que una mañana, precisamente al salir el sol, apareció espléndida.
La flor, que había trabajado con tanta precisión, dijo bostezando:
-¡A perdóname... apenas acabo de despertarme... estoy despeinada! El Principito no pudo contener su admiración: 
-¡Qué hermosa eres!
-¿Verdad? -respondió dulcemente la flor_. He nacido al mismo tiempo que el sol.
El Principito pensó que no era muy modesta ciertamente, pero... ¡era tan conmovedora!
-Me parece que ya es hora de desayunar -añadió la flor-; si tuvieras la bondad de pensar un poco en mí...
El Principito muy confuso, fue a buscar una regadera y la roció abundantemente con agua fresca.
Bien pronto el Principito se sintió atormentado por la vanidad sospechosa de la flor...
-Yo no debía hacer caso a sus palabras -confesaba después el Principito -nunca hay que hacer caso a las palabras de las flores, basta con mirarlas y respirar su aroma... ¡La flor perfumaba e iluminaba mi vida y jamás debí  huir de allí! ¡No supe adivinar la ternura que ocultaban sus pobres astucias!
¡Son tan contradictorias las flores!".

(De: "El Principito")


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