domingo, 24 de octubre de 2010

¡*** ADIÓS INFANCIA***!


"Tenia yo entonces once años. Era robusta y pecosa, y miraba la vida a través de mis lentes cubiertos de huellas digitales. Había crecido ya lo suficiente para preocuparme porque, en mi caso, las cintas que me ponían en el cabello se me desataban.

Los vestidos tomaban las formas más extrañas y las medias se me caían hasta los talones. Soñaba con calzar zapatos de charol con hebillas plateadas, y llevaba en cambio, zapatos de cordones pardos que detestaba. Son las puntas cuadradas de esos zapatos escuetos y prácticos lo que ahora recuerdo, con las que levantaba las pequeñas pilas de hojas otoñales cuando, sola como siempre regresaba de la escuela a casa.

Vivía yo en un maravilloso mundo personal, un mundo de mi propia creación, en el que nada era imposible. Sobre todo, yo misma.

Ahí iba yo, pues, aquel luminoso día de otoño. Pasaba por él ciega, como de costumbre, a cuanto me rodeaba. Absorta en mis ensueños. Pero al tomar por la calle de casa, retardando mi marcha para admirar mis zapatos de charol, me percaté de que no eran más que vulgares zapatos de cordones.

Nunca me había burlado la fantasía hasta ese punto...

Descubrí que ya era mayorcita y había dejado atrás mi mágico mundo.

Comprendí que desde aquel momento lo vería únicamente a distancia. como las personas mayores. El darme cuenta de ello estuvo a punto de arrancarme lágrimas. Por primera vez experimenté lo que es la más punzante de las emociones de la vida adulta: el dolor causado por la pérdida irrevocable de una parte de la propia existencia.

Esto es todo lo que recuerdo, pero me alegra recordarlo tan bien. Una puerta se había cerrado a mis espaldas, pero otra se había abierto para mostrarme que la realidad puede ser tan mágica como nuestros sueños y deseos..." 


(De : "Selecciones del Reader´s  Digest").


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¡COMO CAMBIA MI JUAN LUIS!

"A los diez años me ofrecía
sus notas, buenas o malas.
El gesto de entregármelas
lo llenaba de grandeza, incluso
disculpaba sus faltas.
Para complacerme, me hubiera 
prometido la luna y 
las estrellas. Yo lo escuchaba, 
una vez consolada de sus fracasos, 
y lo apretaba muy fuerte en 
mis brazos para fortalecer
su buena voluntad.
Ya no tiene esta sencillez, 
este valor. Se le hace insoportable
tener faltas.
Yo diría que el orgullo ha crecido
con sus huesos, con
sus músculos.
Lo que yo le quitaba de ternura
para dársela a sus hermanitos, se
lo compensaba cargándole
responsabilidades.
Ha construido piedra sobre piedra, 
una ciudadela interior donde se fortifica,
y de la que me ha desterrado a mi, 
su madre...
Me quiere. de vez en cuando me 
recompensa con un beso inesperado
espontáneo, pero no por ello deja
de intentar penetrar en un mundo
en el que me niega
un papel.
Le apasiona lo que esta lejos
de mi, y de sus descubrimientos. 
solo me confía lo que no puede
ocultarme
una parte mezquina.
Me resisto a considerarlo
un hombrecito".

(De "las confidencias  de Juan Luis")


ACEPTA 
MORIR COMO NIÑO
PARA EMPEZAR
A VIVIR COMO
HOMBRE
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PARA TI QUE SUEÑAS…


Estoy frente a tu corazón que florece y canta.
Palpito junto a la guitarra nueva de tu vida.
Crezco a la vera de tus lirios. Y danzo
al ritmo puro de tus sueños estelares.
Escribo ahora  a tu corazón, decálogo de ilusiones.
Ahora he arrodillado sencillamente mi alma
a tu paso cándido por las esquinas del romance.


Porque en ti, en tu sonrisa y en tu rubor
y en tu silencio amanecen las esperanzas del mundo.
Yo escribo ahora para los que no te comprenden
Yo quiero que te crean como yo te creo.
Yo quiero que se iluminen en las estrellas
nuevas de tus ojos.
Yo quiero que los lleves del mano
a la ribera de tu llanto virgen.
Y les expliques la geografía de la rosa
y el pudor de la tarde.
Yo quiero que proclames en las tardes del pueblo
la verdad de tus nardos y tus calandrias,
la afirmación divina de tus labios
que tiemblan de roció y de alabanza.

                    Oscar Grandov


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CUANDO 
TU MIRADA 
SE PROYECTE
HACIA EL PORVENIR,
QUE SEA, SIEMPRE
PARA DESCUBRIR
"MISIONES"
QUE TE ESPERAN


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DEL AYER AL MAÑANA

Ayer tenías ocho, diez doce años.
Te sentías bien ubicado en tu mundo, perfectamente ajustado a tu ambiente.
Vivías muy poco dentro de ti mismo. No meditabas en las tristezas, ni siquiera en las tuyas propias, a no ser aquellas noches en que severamente reprendido por no sé que locura, sollozabas totalmente solo, mientras mordías las sabanas de tu cama. En aquellos momentos te sentías, el más desgraciado de todos los hombres... Al día siguiente, todo había cambiado y el cielo estaba lucidamente sereno.
No conocías las responsabilidades. Y si las tenías, eran tan leves que no pesaban más que unas burbujas de jabón. Gozabas de un equilibrio interior perfecto. No tenías problemas, ni complicaciones sentimentales ni turbaciones de conciencia. Vivías una edad hermosa, fuerte y sencilla que también vivió Cristo, de quien nos cuenta el Evangelio que: "Crecía en sabiduría, en edad y en gracia delante de Dios y de los hombres".
Ya no tienes cuatro, ocho, ni diez años. Ya no crees en Los Reyes magos... La infancia.... los años más bellos, han pasado.
Valiente y resueltamente vuelve tus ojos hacia el... MAÑANA.













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