Debían ser muchos estos chicos... ya que en los primeros bancos jamás hubo un lugarcito para mi.
Recuerdo a algunos de ellos: Mirta, la chica más simpática, que nos pasaba revista para la higiene.
Jorge, un muchacho "todo corazón", de una bondad de ánimo y de una prudencia admirable.
Mónica y Liliana, ambas irreprensibles en la conducta. Todo oído a las explicaciones del maestro; tanto, como para no darse cuenta de los proyectiles de papel que yo les lanzaba desde el último banco.
Ernesto, distinguido, señorial, amable, elegante, botones dorados, anillo, reloj, etc. Daba a la clase un tono de elevada aristocracia.
Mario, descuidado y revoltoso pero con características de líder. Era el jefe de la "pandilla".
Una clase con una "élite" de hombres en miniatura. Eramos el orgullo del maestro, que, en la lista que preparó el director, olvidó poner mi nombre...
PERO "ALGUIEN" SE ACORDÓ DE MI
Señor, ¿por qué me llamaste?
¿Por qué me invitaste a seguirte?
¿Por qué solo a mí?
Aquel día
cuando uno de mis compañeros
contó a la clase
mi decisión de seguir tu llamado
todos soltaron una carcajada.
Me sentí humillado.
Mi corazón quedó herido.
Ellos,
más inteligentes,
más disciplinados,
más fuertes que yo,
despreciaron mi parte.
Tú, el más bueno,
continuabas queriéndome.
Me invitabas a la "aventura".
Señor, Tú me has llamado
prefiriéndome a todos ellos.
¿Qué has visto en mi?
Tú me has elegido,
para mostrar que al mundo
no se lo salva:
con los razonamientos,
con el prestigio,
con la potencia,
con las cualidades humanas;
para decir que
eres Tú quien nos eliges,
porque
aunque si no tienes necesidad
de los hombres,
quieres servirte de nosotros...
TÚ ME INVITAS A LA AVENTURA
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¿quieres ser alguien?
¿A quién le gusta vivir en el anonimato?, ¿pasar inadvertido?, ¿ser "algo" más entre tantas cosas que hay en el mundo?...¡A nadie! Todos poseemos un fuerte anhelo de llegar a ser "alguien". Esa profunda aspiración de nuestro ser fue puesta en nosotros por Dios. El quiere nuestra realización personal. Quiere que lleguemos a ser "alguien". No sólo lo quiere sino que nos ayuda a conseguirlo. Lo dispuso todo para que así fuera aún antes de que nosotros existiéramos. Lo dice muy claramente el profeta Jeremías con estas palabras: "La palabra de Yavé me fue dirigida para decirme: "Antes de formarte en el vientre de tu madre tu conocí: antes que salieras del seno te consagré; como profeta de las gentes te constituí".
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¿quieres ser alguien?
¿A quién le gusta vivir en el anonimato?, ¿pasar inadvertido?, ¿ser "algo" más entre tantas cosas que hay en el mundo?...¡A nadie! Todos poseemos un fuerte anhelo de llegar a ser "alguien". Esa profunda aspiración de nuestro ser fue puesta en nosotros por Dios. El quiere nuestra realización personal. Quiere que lleguemos a ser "alguien". No sólo lo quiere sino que nos ayuda a conseguirlo. Lo dispuso todo para que así fuera aún antes de que nosotros existiéramos. Lo dice muy claramente el profeta Jeremías con estas palabras: "La palabra de Yavé me fue dirigida para decirme: "Antes de formarte en el vientre de tu madre tu conocí: antes que salieras del seno te consagré; como profeta de las gentes te constituí". Yo dije: "¡Ah, Señor Yavé, mira que yo no se hablar; soy un niño!" Pero Yavé me respondió: "No digas ¡Soy un niño!; porque a todos los que te enviaré habrás de ir y todo lo que te ordenaré les dirás. No tengas miedo de ellos, porque estoy contigo para protegerte... Y Yavé extendió su mano, tocó mi boca y me dijo: "He aquí que yo pongo mis palabras en tu boca..."
(Jer. 1,4-9).
"VAN A LUCHAR CONTRA TI,
MAS NO PODRÁN VENCERTE,
PORQUE ESTOY YO CONTIGO
PARA LIBRARTE,
dice, Yavé"
Dios me llama por mi nombre
Dios me llamó a la existencia. Me tuvo en cuenta. Si el no hubiese pensado en mi, yo no existiría. Mi existencia fue mi primer llamado: mi "vocación" a la vida. Al llamarme me valorizó como persona. Esta vocación lleva consigo una misión que cumplir. Una misión particular. Una misión que es solo mía. Tengo un lugar en el mundo y en la historia de la humanidad que solo "yo" puedo ocupar. Puedo ser: médico, asistente social, madre de familia, ingeniero arquitecto, maestra, misionero, enfermera, etc. Dios puede elegirme para cualquiera de estas "vocaciones" . En cualquiera de ellas mi vocación será única, porque yo soy un ser "único" e "irrepetible".
Hoy, como ayer, Dios me sigue llamando. Espera mi respuesta libre y amorosa porque su llamado es una invitación... Puede encontrar en mí una respuesta decidida e incondicional como la que encontró en el profeta Isaías:
"Oí la voz del Señor que me decía: "¿A quién enviaré? ¿Quién irá en mi lugar?" Y respondí: "Heme aquí, MÁNDAME A MI". (iS. 6,8-9).
Puede, en cambio, encontrar una cierta resistencia y temor a su llamado, como le sucedió con Moisés:
"Ve, pues, yo te envió al Faraón para que saques a mi pueblo, los hijos de Israel, de Egipto... "Moisés dijo a Yavé: "Perdóname, Señor, pero yo nunca he sido una persona elocuente: ni antes ni a partir del momento en que tú me hablaste. Yo soy torpe para hablar y me expreso con dificultad". El Señor le respondió:"¿Quién puso en el hombre una boca? ¿Y quién hace al hombre mudo o sordo, capaz de ver o ciego? ¿No soy yo, el Señor? Ahora ve: yo te asistiré siempre que hables y te indicaré lo que debes decir " ( Ex. 3,10 y 4,10-12).
Puedo también responder al llamado de Dios con frases de protesta, con quejas, como lo hizo el profeta Jeremías:
"Tú me has seducido Señor, y yo me dejé seducir. Fuiste más fuerte que yo. Me pudiste. Estoy convertido en continua irrisión. Todos se burlan de mí. Cada vez que tengo que hablar tengo que gritar: ¡Violencia, ruina! Yo me decía: No voy a pensar más en Dios ni voy a hablar en su nombre. Pero en mi corazón hay como un fuego abrasador encerrado en mis huesos. Me agoté en contenerlo y no lo puedo soportar". (Jer. 20, 7-9).


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