“CRISTO
te sale al encuentro a cada paso de tu vida. Tú, tal vez no has sabido reconocerlo: golpeó a la puerta de tu casa con un tarrito pidiéndote algo de lo que sobró del almuerzo; vive en tu misma casa, prepara la comida, hace el aseo y gana poco; está en la cárcel o lo busca la policía; es tu papá a quien la gripe lo echó a la cama...
¡No cierres los ojos!
Ese muchacho ridículo, ese antipático, el otro que anda tan harapiento, el que está desorientado, el que se enfermó, el que no fue al baile porque es tímido. . . ¡Es Cristo el que muchas veces te dice: "Aquí estoy, necesito que me ames en este pobre maloliente, en esta chica insoportable. . . ¿por qué me buscas en otro lugar. . . ?
CRISTO ELIGIÓ A LOS POBRES PARA QUEDARSE
CON NOSOTROS


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