domingo, 22 de mayo de 2011



ME ARRIESGO
POR CRISTO





CON SOLO MIRARTE A LA CARA

LEO TU ALEGRÍA O TU ENFADO,

TU ENTUSIASMO

O TU CANSANCIO.


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LO QUE YO QUIERO

Y LO QUE PUEDO


A veces me pongo a pensar y me pregunto: ¿Qué es mi cuerpo? Con frecuencia lo siento como una fuente de placer, como una ventana que me permite contemplar la belleza del mundo creado., como un gran receptor con antenas sensibilísimas, que recoge y expresa sensaciones agradables y nobles sentimientos. Con él puedo estrechar la mano de un amigo, dar, dar un abrazo a mi madre, sonreír a alguien que sufre y mil cosas más: trabajar, estudiar, cantar, etc. En otras ocasiones, lo siento como un vestido que me queda chico, como algo que frena mi dinamismo  interior, que no me permite alcanzar el mundo maravilloso de mi imaginación. Es entonces cuando descubro que no siempre puedo alcanzar de inmediato mis profundas aspiraciones.
Son muchos los factores que desatan en mi interior, esta lucha entre lo que quiero y lo que puedo. Por ejemplo: el cansancio, la enfermedad, la falta de dominio o también la pereza.
Todos estos obstáculos los percibo como límites a mi plena realización personal. Pero ¿serán límites imposibles de superar?



NO DEBEMOS
PERMITIR
QUE EL
SENTIMIENTO
DE NUESTRAS
DEBILIDADES
NOS HAGA
PERDER
LA CONFIANZA
EN NUESTRAS 
FUERZAS

Hacia HORIZONTES

LEJANOS   

Ante una enfermedad que te dejara postrado, sin poder hacer uso de tus miembros ¿cómo reaccionarías?  Sin duda sentirías la lucha entre tus deseos y aspiraciones y además, la imposibilidad de llevarlos a cabo.

Aquí tienes la experiencia de Felipe, un chico de 15 años:

"Extendido sobre mi vieja cama rústica. . ., mi imaginación vagabundea, y veo alternativamente los prados, los huertos, las fuentes, el canal, el bosque. Vuelvo a crear cada uno de los encantos de Vagny, ese hermoso lugar, y adivino lo que el verano ha hecho de ellos. Los frutos precoces caen sin ser recogidos, los animales dormitan indiferentes para con la hierba amarilla, el canal bordeado de esqueléticos chopos, no da más que una avara sombra y un agua templada, los viejos se entapizan a la sombra, los aldeanos entorpecidos temen al pesado trabajo de la cosecha, los enamorados tienen tiempo para amarse. La tierra entera llama a la tormenta, para que venga a refrescarlo y a purificarlo todo.

. . . ¡Qué mala sombra si yo estuviera clavado aquí! ¡Yo que sueño desde hace semanas en estos días de evasión inesperados. . .!

Verdaderamente, no tengo suerte, parece que todo está contra mí. Algo se prepara. . .

Y si esta pesadez, esta jaqueca se agravara, ¿mi destino no sería el de vivir como un solitario, clavado en una cama, mientras que el adolescente siente sed de horizontes lejanos? Condenado a explorar mi ser, mi pobre ser, mientras que los compañeros, en bicicleta, en automóvil, en tren, recorren y descubren la tierra de los hombres.

Dios se sirve de todos los medos para llamar para El a sus víctimas y sus héroes. ¿Y el malestar extraño de aquella noche no sería un nuevo signo. . ."

(De: "Una piedra en el zapato").



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