miércoles, 4 de mayo de 2011

LA

ORACIÓN

DE

PEPÍN





QUE TU ORACIÓN
CIRCULE POR TODO
TU SER,
OCULTA,
VIVA Y PUJANTE
                COMO LA SANGRE.                       

Pepín es un rubiecito lindo de ojos celestes, con sus 9 o 10 años asomados a la vida. Está en la calle jugando a la pelota cuando pasa por allí el Padre Vicente y,  entre ambos, dialogan así:
-Ven, Pepín, tengo ganas de meterme unos goles.
-¿Usted, Padre?
-Sí, yo. ¿O qué te crees? A tu edad me hacía mis buenos partidos.¡Los vidrios que habré roto..! A ver, ataja ésta, si puedes. . . ¡Bravo!, vas a ser un gran golero. Dime, Pepín, ¿me tienes miedo?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque me porté mal y no fui a misa y eso es pecado mortal.
-¿Estás arrepentido
-Sí
-Y ¿no crees que Dios es tan bueno que te quiere perdonar? Ven que te perdono en nombre de Dios y seamos buenos amigos.
-Tú eres bueno. Eres mi amigo.
-¡Claro que soy tu amigo! Y Dios es tu amigo. ¿Ves el sol ahí arriba? Hoy hay un precioso sol ¿no es cierto Bueno: ese sol es el saludo que Dios nos manda. Porque está contento. Contento de vernos contentos a nosotros. De vernos alegres, felices amigos. No hay cosa que le alegre más a Dios que ver a los hombres contentos y amigos. ¡Me crees, Pepín?
-Sí Dios es así, como tú dices. . . 
-Sí Pepín, Dios es así como yo digo.
-Pero, entonces. . . ¿por qué siempre que hago esto o no hago aquello, mamá me dice a cada rato que Dios me va a castigar?
-Porque seguramente a tu mamita, cuando era chica, no le explicaron bien cómo era Dios . . .
-Cuando le cuente que me he hecho amigo tuyo no me lo va a creer. ¿Sabes? Estoy contento, Vicente. ¡Epa! perdón, ¡se te puede llamar Vicente, así sin "padre" adelante?
-Sí te gusta más. . .
-Dime, Vicente: ¡y por qué hay que rezar todas las noches Mamá dice que hay que rezar todas las noches y confesar a Dios los pecados, las cosas malas que hicimos cada día. Y me hace poner de rodillas, con las manos juntas, así, pero. . . ¡no me sales nada!
-Mira, Pepín, rezar, es conversar con Dios. A Dios no hay sólo que recordarle las cosas malas que hicimos en el día. Antes, cuando dijiste: "Estoy contento", estabas rezando. Contándole a Dios lo que sentías, compartiendo con El tu alegría, como se hace con un amigo, y dándole gracias por ella. Sigue rezando. . . Recemos juntos: "Padre, aquí estamos los dos,  Vicente y Pepín, contentos. Contentos de que sea una mañana tan linda de sol. Contentos porque nos hiciste amigos. . ."
-Sí, y hemos jugado a la pelota los dos. Y yo aprendí que Tú eres bueno y me quieres. Y que yo te quiero a Ti.
(Adaptado de "El Padre Vicente).

<<<<<<<<<<<<<<>>>>>>>>>>>>

Muchas veces necesitamos
conversar a solas "de tú a tu"
con el Amigo.
En las ciudades, anónimas
y ruidosas, donde el espíritu
se siente agitado por el
ritmo febril, no siempre
encontramos el clima
propicio para una
conversación en íntimidad.
Este tipo de conversaciones
a veces nos exige un tiempo
de silencio y soledad. Hay
que encontrarlo.
A veces, la voz de Dios es 
tan sutil, que sólo puede ser
oída en el silencio. ¡Qué 
buenos son, en esos casos,
unos días de retiro, de
serenidad! Días en los que
se escucha a Dios en las
resonancias del viento, del
agua, de las plantas, de los 
animales y, principalmente,
en las expresiones más ricas
del "yo" que, desde dentro,
llena y vivifica  ese silencio
poniéndose en sintonía con 
el Amigo.
Esos silencios son fecundos
porque forjan una vida más
 bella, planeada con Dios
antes de vivirla.



CUANTO MAS
ME LIGO AL DIOS
QUE ME QUIERE
MÁS ME REALIZO,
MÁS EXISTO
COMO 
PERSONA.





No hay comentarios:

Publicar un comentario