DIOS
QUISO
TENER
CUERPO
Dios, porque quiso tener un cuerpo, se hizo hombre y habitó entre nosotros. Para tomar forma humana se sirvió del cuerpo virginal de María. Por eso, al saludarla como Madre de Dios, decimos: "Bendito el fruto de tu vientre , Jesús".
Jesús -Dios y hombre- tuvo y tiene un cuerpo. Caminó por esta tierra con pies como los nuestros. Quiso tener unos ojos grandes y limpios. Su mirada profunda y llena de ternura, conmovió a muchos.
Sintió hambre, sed y cansancio. Hasta lloró como llora todo hombre.
Su cuerpo fue el instrumento de la reconciliación entre Dios Padre y nosotros. Con su cuerpo sufrió la Pasión y nos remidió.
Después de resucitar, ascendió al cielo y su cuerpo, hoy glorificado, está gozando junto al padre.
La virgen María también tuvo un cuerpo como el de toda mujer, con su belleza y encanto.
Sus manos envolvieron en pañales al niño Jesús, recién nacido. Su cuerpo vigoroso estuvo en pie, junto a la cruz de Jesús, viviendo los momentos más duros de la vida de su hijo. La resurrección de Cristo y la asunción de su Madre, son preludio de nuestra resurrección y glorificación. Por eso, en la liturgia de difuntos rezamos esta hermosa plegaria:
"Recuerda a tu hijo (hija) N. a quien llamaste (hoy) de este mundo a tu presencia: concédele que, así como ha compartido ya la muerte de Jesucristo, comparta con El la gloria de la resurrección, cuando Cristo haga surgir de la tierra a los muertos, y transforme nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo..."
CON NUESTRO CUERPO, O MEJOR, POR MEDIO DE EL, CAMINAMOS HACÍA
DIOS.
DIOS.

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